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domingo 19 de julio de 2026, 11:00h

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Una investigación internacional de MyIQ concluye que, aunque las parejas consideran cada vez más normal que ambos miembros alternen el papel de principal sostén económico, las expectativas sociales continúan asociando ese rol al hombre, especialmente entre familiares y amigos.

Las parejas normalizan que el principal sostén económico cambie con el tiempo

La distribución de los ingresos dentro de las relaciones de pareja está evolucionando al ritmo de los cambios sociales y laborales, pero las percepciones que la rodean continúan estando marcadas por patrones tradicionales. Así lo refleja un nuevo estudio elaborado por MyIQ, que señala que la mayoría de las parejas ya considera normal que ambos miembros alternen el papel de principal sostén económico a lo largo de su relación, mientras que familiares y amigos siguen esperando, en muchos casos, que sea el hombre quien aporte el salario más elevado.

La investigación se basa en una encuesta realizada a 13.482 adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, Europa, Asia-Pacífico, América Latina y Sudáfrica, y analiza tanto las experiencias personales de los participantes como las actitudes sociales respecto al reparto de las responsabilidades económicas dentro de las relaciones estables. Uno de los principales hallazgos del estudio es que el modelo tradicional de un único proveedor económico está perdiendo peso dentro de las propias relaciones, el 71% de los participantes considera probable que ambos miembros de la pareja lleguen a ser, en distintos momentos, quienes más ingresos aporten al hogar, mientras que el 58% asegura que ese cambio ya se ha producido al menos una vez durante su relación actual o la más reciente.

Según el informe, esta realidad responde a circunstancias cada vez más habituales como ascensos laborales, cambios de empleo, periodos de formación, permisos de maternidad o paternidad, responsabilidades de cuidado o etapas de desempleo, factores que hacen que la persona con mayores ingresos pueda variar a lo largo del tiempo sin que ello altere el equilibrio de la relación. Esta percepción también se refleja en la visión que tienen los participantes sobre la economía familiar. El 64% considera que las trayectorias profesionales actuales son demasiado cambiantes como para que una sola persona mantenga permanentemente el papel de principal sostén económico, lo que evidencia una adaptación a un mercado laboral mucho más dinámico que el de décadas anteriores.

La presión social sigue favoreciendo el modelo tradicional

Pese a que las propias parejas parecen haber asumido con naturalidad este cambio de roles, el estudio pone de manifiesto que las expectativas sociales continúan siendo mucho más conservadoras, el 61% de los encuestados afirma que amigos o familiares siguen dando por hecho que el hombre debería ganar más dinero que su pareja, incluso cuando esa situación no se corresponde con la realidad. Además, el 54% considera que los hombres que perciben un salario inferior al de sus parejas continúan siendo juzgados negativamente por su entorno, mientras que el 47% asegura que familiares y personas cercanas tienden a cuestionar con mayor facilidad la estabilidad económica de una relación cuando es la mujer quien aporta la mayor parte de los ingresos.

Para los autores del estudio, estos datos reflejan que el papel del hombre como principal proveedor continúa asociado socialmente a conceptos como la estabilidad, el éxito, la autoridad o la masculinidad, aunque dentro de muchas parejas esa asociación haya perdido relevancia. La investigación también muestra un cambio significativo en la forma de entender qué significa contribuir económicamente al hogar. El 69% de los participantes considera que la aportación de cada miembro no debería medirse únicamente por el salario, sino también por aspectos como la planificación financiera, la capacidad de adaptación o el reparto de responsabilidades durante las distintas etapas de la vida en común.

Desde esta perspectiva, sostener económicamente una familia no implica necesariamente ser quien más dinero gana de forma permanente, sino asumir un papel flexible que puede cambiar cuando uno de los miembros estudia, cambia de trabajo, reduce su jornada laboral o dedica más tiempo al cuidado familiar.

Un cambio económico que avanza más rápido que el cultural

Según MyIQ, el principal contraste que refleja el estudio se encuentra entre la realidad que viven las parejas y la forma en la que esa realidad continúa siendo interpretada por la sociedad. La directora general de la compañía, Sarah Meyer, explica que muchas parejas entienden hoy los ingresos como una responsabilidad compartida y dinámica, mientras que familiares y amigos siguen interpretando que un hombre gane menos o que una mujer sea la principal fuente de ingresos como una situación que rompe el modelo tradicional de relación.

Para Meyer, esta diferencia convierte una decisión práctica derivada de la evolución profesional de ambos miembros en una cuestión relacionada con la identidad, el estatus y las expectativas sociales, los responsables de la investigación subrayan que el estudio no demuestra la desaparición del papel de principal sostén económico, sino una redefinición de su significado. En muchas relaciones ya no se entiende como una responsabilidad permanente vinculada al género, sino como una función temporal que puede variar en función de las oportunidades laborales, las necesidades familiares o las circunstancias personales de cada momento.

El informe concluye que las relaciones de pareja están evolucionando hacia modelos más flexibles en los que la distribución de los ingresos deja de responder a roles predeterminados, sin embargo, las normas culturales continúan avanzando a un ritmo más lento, manteniendo expectativas tradicionales que siguen condicionando la percepción social de quién debería asumir el papel de principal proveedor económico dentro del hogar.

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