El cambio ya ha comenzado. Según datos de la International Federation of Robotics, cada año se venden en el mundo más de 20 millones de robots de servicio, una cifra que refleja cómo estas tecnologías están entrando poco a poco en hospitales, centros educativos, comercios y hogares. La idea ya no es únicamente que una máquina ejecute tareas repetitivas, sino que pueda interactuar mejor con las personas y responder a necesidades reales del día a día.
En este sentido, la próxima evolución estará marcada por la combinación de robótica e inteligencia artificial emocional. Es decir, sistemas capaces de comunicarse de forma más natural, interpretar determinadas señales del entorno y ofrecer apoyo en situaciones concretas. Desde recordar una medicación hasta detectar una incidencia en casa o facilitar la comunicación con familiares, los robots sociales empiezan a perfilarse como una ayuda complementaria en contextos donde la asistencia humana no siempre llega a todo.
Por su parte, Isidro Fernández, director del Grado Oficial en Robótica Centrada en las Personas de UDIT, ha explicado que la robótica del futuro irá más allá de automatizar tareas. Según ha señalado, estas tecnologías podrán aportar soluciones a retos sociales como la soledad no deseada o la dependencia, dos realidades cada vez más presentes en una sociedad envejecida.
La soledad no deseada es precisamente uno de los campos donde la robótica social podría tener más recorrido. Millones de personas mayores viven situaciones de aislamiento, y aunque ningún robot puede sustituir el cuidado humano, sí puede ayudar a cubrir ciertas necesidades de acompañamiento, seguimiento y seguridad. En palabras de Fernández, el objetivo no es reemplazar la atención de las personas, sino complementarla y contribuir a mejorar la calidad de vida.
Este nuevo escenario también está cambiando la demanda de talento. La integración de robótica, inteligencia artificial, diseño y experiencia de usuario requiere perfiles cada vez más híbridos, capaces de entender tanto la tecnología como las necesidades humanas. Según datos de Eurostat, Europa tendrá que duplicar su volumen de especialistas tecnológicos multidisciplinares durante la próxima década para mantener su competitividad.
Para responder a esa necesidad, UDIT ha impulsado su Grado Oficial en Robótica Centrada en las Personas, una titulación pionera en el panorama universitario español. El programa combina áreas como inteligencia artificial, sistemas embebidos, robótica social y diseño de experiencia de usuario, con el objetivo de formar profesionales capaces de crear soluciones tecnológicas útiles, accesibles y pensadas para personas reales.
Las salidas de este tipo de perfiles no se limitan al ámbito asistencial. La universidad señala aplicaciones en sectores como salud, ocio y entretenimiento, logística avanzada, hospitality, retail o gestión de infraestructuras urbanas inteligentes. En todos estos espacios, la automatización inteligente empieza a tener un papel más importante, pero también exige una mirada más humana sobre cómo se diseñan y utilizan los robots.
Fernández ha subrayado que no se trata de un futuro lejano, sino de una realidad que ya está tomando forma. En su opinión, el gran reto de esta década no será demostrar hasta dónde puede llegar técnicamente un robot, sino conseguir que sea útil, cercano y capaz de responder a necesidades sociales concretas.
Con este contexto, la robótica doméstica y asistencial se perfila como una de las próximas grandes fronteras de la tecnología. Los robots ya no estarán pensados solo para producir más rápido o automatizar procesos industriales, sino para acompañar, cuidar y facilitar tareas en entornos donde la tecnología tendrá que demostrar no solo inteligencia, sino también sensibilidad.