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La carrera tecnológica se redefine en 2026 con la IA autónoma, la seguridad y la era post-cuántica en el centro
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La carrera tecnológica se redefine en 2026 con la IA autónoma, la seguridad y la era post-cuántica en el centro

Por Federica Estrella
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Infozonamovilidades/4/4/18
domingo 28 de diciembre de 2025, 13:00h
Última actualización: domingo 28 de diciembre de 2025, 20:13h

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El auge acelerado de la inteligencia artificial, unido a un contexto geopolítico cada vez más complejo, ha colocado al sector tecnológico ante un punto de inflexión. A lo largo de 2025, la IA ha dejado de ser una promesa para convertirse en una infraestructura crítica, mientras que conceptos como la criptografía post-cuántica o la resiliencia digital han pasado de la teoría a la urgencia estratégica. En este escenario de transición, las decisiones que se tomen hoy marcarán la competitividad tecnológica de los próximos años.

En este sentido, Grupo Aire ha realizado un análisis de cómo han evolucionado las principales predicciones tecnológicas durante 2025 y qué tendencias terminarán de consolidarse en 2026. Para Zigor Gaubeca, CIO de la compañía, el próximo año estará definido por un equilibrio delicado entre innovación, seguridad y ética, con la ciberseguridad como uno de los grandes puntos de fricción del nuevo ecosistema digital.

Por un lado, la consolidación de los agentes de inteligencia artificial autónomos ha sido uno de los fenómenos más visibles del último año. Lo que en 2025 todavía se percibía como una tecnología experimental ha ganado madurez y accesibilidad en muy poco tiempo, impulsada por plataformas y orquestadores lanzados por actores como OpenAI o Anthropic. Estos agentes ya no se limitan a asistir, sino que ejecutan tareas complejas de forma autónoma, lo que obliga a replantear modelos de negocio tradicionales, especialmente aquellos basados en publicidad y consumo digital.

Asimismo, este avance tecnológico está teniendo efectos colaterales en la forma en que las empresas entienden la automatización. Herramientas capaces de navegar, comprar o tomar decisiones por el usuario están generando debates sobre control, transparencia y dependencia tecnológica. En 2026, esta evolución no solo afectará a la experiencia digital, sino también a la economía de la atención y a la relación entre plataformas y usuarios.

Paralelamente, la criptografía post-cuántica ha dejado de ser una preocupación futura para convertirse en una prioridad inmediata. El avance de la computación cuántica por parte de compañías como Google, Microsoft o IBM ha puesto sobre la mesa un riesgo cada vez más tangible: los datos cifrados hoy podrían ser descifrados mañana. Tal y como advierte Gaubeca, la amenaza no reside solo en los ataques actuales, sino en la posibilidad de que la información robada ahora quede expuesta cuando la tecnología cuántica sea plenamente operativa.

En consecuencia, durante 2026 se espera un fuerte impulso en la inversión en soluciones de criptografía post-cuántica, especialmente en ámbitos como la ciberseguridad, el espionaje digital y la protección de infraestructuras críticas. La transición no será inmediata, pero sí inevitable, y marcará una clara diferencia entre las organizaciones que se anticipen y aquellas que reaccionen tarde.

Por otro lado, el hardware también ha vivido una transformación silenciosa pero profunda. Aunque NVIDIA mantiene su liderazgo en el procesamiento para IA, la competencia se ha intensificado con el desarrollo de chips propios por parte de otros gigantes tecnológicos. La gran tendencia es el desplazamiento progresivo desde los grandes centros de datos hacia un modelo distribuido, donde los dispositivos locales ejecutan modelos más pequeños y especializados, reduciendo latencias y dependencia de la nube.

Sin embargo, esta evolución tecnológica está estrechamente ligada a la geopolítica. La fabricación de chips avanzados sigue concentrada en actores clave como ASML y TSMC, convirtiendo la cadena de suministro en un auténtico tablero de poder global. El control de estas tecnologías no solo determina el liderazgo industrial, sino también la soberanía digital de países y regiones enteras.

Pese a todo, el avance de la IA también ha puesto de relieve una asignatura pendiente: la regulación ética y la transparencia. Aunque la Unión Europea ha dado pasos con la AI Act, 2025 ha evidenciado una brecha entre la normativa y su aplicación real. La falta de claridad sobre los datos de entrenamiento, las licencias y los derechos de autor sigue generando conflictos legales y desconfianza, un problema que deberá abordarse con mayor firmeza en 2026.

En líneas generales, la ciberseguridad emerge como el eje transversal de todos estos cambios. La adopción acelerada de nuevas tecnologías, unida a la presión por ganar productividad, está ampliando las superficies de ataque y exponiendo vulnerabilidades críticas. En este contexto, la directiva europea NIS2 y la necesidad de un marco común de protección digital cobrarán especial relevancia para el tejido empresarial.

Finalmente, el talento se perfila como el factor decisivo. La formación continua y el reskilling serán imprescindibles, pero deberán ir acompañados de una cultura de seguridad sólida. De lo contrario, los avances tecnológicos podrían generar riesgos mayores que los problemas que pretenden resolver. Para 2026, la tecnología seguirá avanzando a gran velocidad, pero la verdadera diferencia estará en cómo las organizaciones integren seguridad, ética y capacidad humana en ese camino.

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