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Qué configurará Internet en 2026: poder, política e infraestructuras
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Qué configurará Internet en 2026: poder, política e infraestructuras

Por Antonio Rodríguez
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infozonamovilidades/4/4/18
viernes 02 de enero de 2026, 09:00h

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El año 2026 marcará un punto de inflexión para Internet, impulsado por cambios regulatorios, limitaciones energéticas y nuevas dinámicas de conectividad ligadas a la nube y la inteligencia artificial.

El debate tecnológico suele centrarse en aplicaciones visibles como la inteligencia artificial generativa o los nuevos servicios digitales. Sin embargo, el verdadero cambio que afrontará Internet en 2026 se producirá en capas menos evidentes, relacionadas con la infraestructura física, la regulación y el acceso a recursos críticos como la energía o la conectividad. En este contexto, el control de capacidad local, el cumplimiento legal y la disponibilidad eléctrica pasarán a ser factores decisivos para la competitividad de empresas y territorios.

Según Paulius Judickas, vicepresidente de Alianzas Estratégicas de IPXO, el mayor ecosistema de arrendamiento de activos de red,2026 será el año en el que las fronteras físicas y jurídicas de Internet volverán a cobrar relevancia estratégica. En sus palabras, “es el momento en el que las compañías que traten estos límites como activos clave marcarán el ritmo del mercado”. Esta visión sintetiza cuatro grandes tendencias que definirán la evolución de la red durante el próximo ejercicio.

La nube soberana pasa del discurso al contrato

Uno de los cambios más relevantes llegará de la mano de la nube soberana. En 2026, este concepto dejará de ser un argumento comercial para convertirse en una exigencia contractual explícita, especialmente en sectores públicos, financieros y de infraestructuras críticas. Las nuevas normativas, particularmente en la Unión Europea, exigirán detallar quién opera los servicios, dónde se gestionan los datos y qué jurisdicciones resultan aplicables.

Asimismo, los incidentes sufridos durante 2025 con la caída de grandes nubes como la de AWS, Microsoft Azure y servicios como Cloudflare han aumentado la preocupación por la resiliencia y el control legal de los datos. En este sentido, los pliegos de contratación incluirán requisitos estrictos sobre nacionalidad del operador, gobernanza y límites legales.

Según Judickas, “alojar datos localmente ya no será suficiente si el proveedor queda expuesto a marcos jurídicos extranjeros”. Esta evolución abrirá oportunidades a nubes regionales y operadores de telecomunicaciones, al tiempo que obligará a los grandes proveedores globales a adaptar sus modelos.

Los neoclouds priorizan conectividad y energía frente al hardware

En paralelo, el auge de los llamados neoclouds transformará la competencia en servicios de inteligencia artificial. Frente a la carrera por acumular procesadores gráficos, estos nuevos actores centrarán su estrategia en controlar ubicaciones con alta conectividad y acceso estable a energía. La tendencia apunta a una concentración en nodos de interconexión, centros de datos metropolitanos y carrier hotels, donde la latencia y la densidad de enlaces resultan críticas.

Las estimaciones del sector reflejan un crecimiento acelerado, con ingresos que podrían pasar de 24.000 millones de dólares en 2025 a cerca de 170.000 millones en 2030. En este escenario, la ventaja competitiva residirá en la proximidad entre computación y transporte de datos.

Para los clientes empresariales, esto se traducirá en nuevos productos integrados, conocidos como corredores de IA, que favorecerán a operadores y centros de datos con redes densas y rutas previsibles. Ciudades como Milán, Varsovia o Berlín ganarán protagonismo frente a mercados saturados.

La energía se convierte en el principal cuello de botella

La disponibilidad eléctrica será, previsiblemente, el factor más limitante para la expansión de infraestructuras digitales en 2026. Diversos estudios anticipan un fuerte incremento de la demanda energética de los centros de datos europeos, con escenarios que apuntan a una posible triplicación antes de 2030. Algunos países ya evidencian tensiones significativas: en Irlanda se han paralizado nuevas conexiones hasta 2028 y en Bélgica las solicitudes de acceso a red se han multiplicado en pocos años.

Ante esta situación, las decisiones de localización requerirán un análisis exhaustivo de capacidad eléctrica, además de espacio y conectividad. Las grandes áreas urbanas afrontarán mayores restricciones, mientras que ciudades secundarias con recursos disponibles atraerán nuevas inversiones. Además, se generalizarán acuerdos directos de suministro, soluciones de refrigeración más eficientes y una mayor proximidad a fuentes renovables.

Convergencia regulatoria entre telecomunicaciones y nube

Por último, 2026 avanzará hacia una mayor convergencia entre la regulación de telecomunicaciones y la de servicios en la nube. En Europa, diversas iniciativas apuntan a equiparar las exigencias de resiliencia, transparencia y notificación de incidentes. Tras las interrupciones de alcance global, se intensificará el debate sobre el papel de los grandes proveedores como infraestructuras esenciales.

Esta evolución podría dar lugar a una nueva categoría regulatoria, la del proveedor híbrido de red y nube, sometido a supervisión dual. Según Judickas, este enfoque favorecerá a las compañías que ya integran redes y plataformas cloud, al tiempo que ofrecerá a los clientes mayor claridad y responsabilidad en la prestación de servicios.

En conjunto, 2026 consolidará una Internet menos abstracta y más condicionada por decisiones políticas, energéticas y territoriales. La infraestructura, más que la innovación visible, definirá quién lidera la próxima fase de la economía digital.

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