SpaceX ha presentado ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos una solicitud para desplegar hasta un millón de satélites en órbita terrestre baja con un objetivo que va más allá de la conectividad.
La iniciativa plantea la creación de una infraestructura de centros de datos espaciales diseñada para responder al crecimiento de la demanda de procesamiento asociada a la inteligencia artificial, el aprendizaje automático y la computación periférica, apoyándose en energía solar como fuente principal.
La propuesta supone un nuevo paso en la estrategia de la compañía de Elon Musk para ampliar el alcance funcional de su constelación orbital. Hasta ahora, el eje del despliegue de Starlink se ha centrado en el acceso a Internet, tanto en entornos urbanos como en zonas remotas. Sin embargo, el nuevo planteamiento introduce el procesamiento de datos como un servicio adicional, con implicaciones relevantes para el sector tecnológico y para la arquitectura futura de la computación a gran escala.
En el documento remitido a la FCC el pasado viernes, SpaceX detalla su intención de “desplegar un sistema de hasta un millón de satélites para operar dentro de estrechas capas orbitales de hasta 50 kilómetros cada una”. Estos satélites se situarían en órbita terrestre baja y se comunicarían entre sí mediante enlaces láser, un elemento ya presente en las generaciones más recientes de Starlink.
La compañía subraya que el diseño del sistema contempla dejar “espacio suficiente” para evitar interferencias y conflictos con otras constelaciones, en un contexto de creciente congestión orbital. Según SpaceX, esta arquitectura permitiría ofrecer la potencia de cálculo necesaria para aplicaciones de inteligencia artificial que comienzan a superar las capacidades de los centros de datos terrestres tradicionales.
Un crecimiento que parte de Starlink
La solicitud se apoya en una base ya considerable. A comienzos de enero, la FCC aprobó el lanzamiento de 7.500 satélites adicionales de la generación Starlink Gen2, lo que permitirá a SpaceX avanzar hacia su objetivo de alcanzar unos 15.000 satélites desplegados a nivel global en 2031. En la actualidad, se estima que más de 9.600 satélites en órbita pertenecen a Starlink, según datos recopilados por el sitio especializado Jonathan’s Space Pages.
Este crecimiento progresivo ha convertido a SpaceX en el operador dominante en órbita terrestre baja, tanto por número de satélites como por capacidad de lanzamiento. La nueva propuesta amplía ese liderazgo hacia el ámbito del procesamiento distribuido, un terreno que hasta ahora ha estado dominado por infraestructuras terrestres.
La IA como motor del salto al espacio
En la solicitud, SpaceX argumenta que la explosión de la demanda de datos impulsada por la inteligencia artificial, el aprendizaje automático y la computación en el borde está tensionando los límites de los sistemas actuales. “Las necesidades de procesamiento ya están comenzando a superar las capacidades terrestres”, afirma la compañía, que presenta el espacio como una alternativa viable para absorber esa carga adicional.
A diferencia de las instalaciones en tierra, estos sistemas podrían operar con energía solar de forma continua
A diferencia de las instalaciones en tierra, estos sistemas podrían operar con energía solar de forma continua, lo que reduce de manera significativa los costes asociados al consumo eléctrico. Asimismo, se elimina la dependencia de grandes volúmenes de agua para refrigeración, uno de los principales desafíos de sostenibilidad de los centros de datos convencionales.
El uso de energía solar es uno de los pilares del proyecto. SpaceX sostiene que los centros de datos espaciales serían “la forma más eficiente de satisfacer la creciente demanda de potencia de procesamiento de IA”, al minimizar los costes energéticos y el impacto ambiental.
No obstante, el planteamiento también abre interrogantes técnicos y regulatorios. La gestión de una constelación de tal magnitud plantea retos en términos de coordinación orbital, mitigación de desechos espaciales y seguridad de las comunicaciones. Además, la autorización de la FCC representa solo un primer paso en un proceso que previsiblemente requerirá evaluaciones adicionales y coordinación internacional.