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sábado 21 de febrero de 2026, 13:00h

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La inteligencia artificial prometía respuestas instantáneas, productividad sin límites y acceso democratizado al conocimiento. Sin embargo, mientras millones de personas conversan a diario con modelos como ChatGPT, Gemini, Grok o DeepSeek, en paralelo se dibuja otro mapa menos visible: el de las restricciones. Y no es menor. Según un análisis de Surfshark, estos chatbots ya están no disponibles, restringidos o prohibidos en más de 60 regiones, lo que afecta a casi el 40% de la población mundial.

La pregunta ya no es anecdótica. Es estructural. ¿Estamos ante el inicio de una veda global a los chatbots de IA?

14 prohibiciones oficiales en 13 países

El estudio revela que tres de los cuatro principales chatbots del mercado —ChatGPT, Grok y DeepSeek— han sufrido al menos una prohibición gubernamental, acumulando un total de 14 vetos en 13 países. Se trata de bloqueos específicos, al margen de los mercados donde compañías como Google ya estaban previamente limitadas.

Aunque en muchos casos las autoridades alegan motivos de seguridad, el patrón también deja entrever tensiones políticas y regulatorias. No es casual que la ausencia de determinados chatbots estadounidenses se concentre en regímenes autoritarios, donde el control del flujo de información sigue siendo una prioridad estratégica.

Tomas Stamulis, director de Seguridad de Surfshark, apunta a una preocupación común: la gestión de los datos. “La incertidumbre sobre qué información recopilan estos sistemas, dónde se almacena y cómo puede utilizarse está en el centro del debate”, sostiene.

DeepSeek, el más restringido

Entre los modelos analizados, DeepSeek encabeza la lista de restricciones, con limitaciones en al menos nueve países, entre ellos Italia, Corea del Sur, Australia, Países Bajos o Canadá. En algunos casos el bloqueo es nacional; en otros, afecta únicamente a dispositivos o sistemas gubernamentales.

El foco está en la privacidad. Según estudios citados por Surfshark, DeepSeek recopila 11 tipos de datos distintos, incluyendo historiales de conversación, y almacena información en servidores ubicados en la República Popular China. A diferencia de herramientas estadounidenses, no opera bajo marcos regulatorios equivalentes al RGPD europeo, lo que intensifica las dudas sobre supervisión y rendición de cuentas.

Aun así, su popularidad crece en mercados donde otros chatbots no están disponibles, lo que demuestra que la demanda de IA no desaparece, sino que se adapta.

Occidente también bloquea

La primera gran señal llegó en marzo de 2023, cuando Italia bloqueó temporalmente ChatGPT durante casi un mes por supuestas irregularidades en la recopilación de datos y la ausencia de verificación de edad. Fue el primer veto de un gobierno occidental a un chatbot de IA.

Desde entonces, el mapa de disponibilidad es fragmentado. ChatGPT no opera en países como China, Rusia, Irán o Corea del Norte. Gemini, por su parte, logró expandirse a casi 240 territorios, aunque su despliegue en la Unión Europea se retrasó por cuestiones regulatorias.

En el caso de Grok, desarrollado en el ecosistema de X, las restricciones recientes en Indonesia, Malasia o Filipinas respondieron a preocupaciones sobre la generación de deepfakes sexualmente explícitos. Además, Turquía censuró parte de su contenido en 2025, convirtiéndose en el primer país en actuar directamente contra este modelo.

La disponibilidad de Grok está además ligada a la de X. Y la red social acumula 78 restricciones globales, con bloqueos activos en ocho países.

Del entusiasmo al escrutinio

El avance de la IA generativa ha sido vertiginoso, pero también lo ha sido el escrutinio. Más del 40% de los sistemas analizados se sitúan en escenarios de desconfianza o infrautilización, según el estudio. La tensión entre innovación y regulación ya no es una hipótesis futura: es un pulso en tiempo real.

Lo que comenzó como una carrera tecnológica se está convirtiendo en un debate geopolítico, legal y ético. Porque, al final, la cuestión no es solo qué pueden hacer los chatbots, sino bajo qué reglas, con qué garantías y en manos de quién.

Si el mapa actual ya muestra más de 60 regiones con límites activos, la gran incógnita es si estamos ante ajustes puntuales… o ante el inicio de una nueva frontera digital marcada por la fragmentación.

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