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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante la presentación del Real Decreto 7/2026
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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante la presentación del Real Decreto 7/2026 (Foto: Pool Moncloa / Fernando Calvo)

Sánchez impone un canon a la IA y los Data Centers usando la crisis de Irán como excusa

Por Alfonso de Castañeda
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alfondcctelycom4com/8/8/17
lunes 23 de marzo de 2026, 09:00h

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El Gobierno ha aprovechado el contexto de la crisis energética internacional para intervenir uno de los cuellos de botella más críticos para el desarrollo digital en España: el acceso a la red eléctrica.

A través del Real Decreto-ley 7/2026, presentado por Pedro Sánchez oficialmente como un “Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio”, el Ejecutivo responde a la volatilidad de los mercados energéticos, pero además aprovecha para introducir cambios estructurales que afectan directamente al despliegue de infraestructuras tecnológicas.

En este sentido, el decreto articula un nuevo marco que busca frenar la especulación en el acceso a la red y priorizar proyectos con impacto industrial, entre ellos los centros de datos vinculados a inteligencia artificial.

Canon por reservar red: el fin del acceso “gratuito”

El eje central de la reforma se encuentra en la creación de una prestación económica por reserva de capacidad. A partir de ahora, cualquier promotor que obtenga permisos de acceso a la red eléctrica deberá abonar un canon desde el momento de la concesión, especialmente en el caso de grandes consumidores en alta tensión.

Esta medida introduce un cambio relevante en la lógica del sistema. Hasta ahora, reservar capacidad no implicaba un coste directo, lo que favorecía la acumulación de permisos sin ejecución real.

El decreto parte de un diagnóstico claro: una gran parte de la red se encuentra bloqueada por proyectos que no han avanzado, lo que limita la entrada de nuevas iniciativas. De este modo, el nuevo canon busca actuar como un filtro económico. Solo los proyectos con capacidad financiera y planificación efectiva podrán mantener su acceso a la red, mientras que las iniciativas especulativas perderán incentivos para retener capacidad sin desarrollar infraestructuras.

Además, el pago se mantiene hasta que la instalación entra en operación, lo que introduce una gran presión adicional para cumplir los plazos de ejecución. En este sentido, el componente económico se complementa con un sistema de hitos temporales que refuerza el control sobre los proyectos. El decreto establece un calendario obligatorio cuyo incumplimiento implica la pérdida automática de los permisos de acceso.

El promotor debe abonar el 10% del valor de las actuaciones de red en el primer año y tendrá un máximo de cinco años para poner en marcha la instalación

En concreto, el promotor debe abonar el 10% del valor de las actuaciones de red en el primer año. Posteriormente, dispone de tres años para formalizar el contrato de encargo de proyecto, cuatro años para firmar el contrato técnico de acceso y un máximo de cinco años para poner en marcha la instalación.

Este esquema busca introducir disciplina en el desarrollo de infraestructuras eléctricas. Asimismo, libera capacidad retenida por proyectos inactivos y la pone a disposición de nuevas iniciativas, en un contexto de creciente demanda energética por parte del sector tecnológico.

Por otro lado, para blindar este sistema, el decreto introduce también una cláusula de rescisión automática A partir de ahora, si una instalación solicita acceso a la red bajo una actividad económica general y posteriormente muta su actividad hacia un centro de procesamiento de datos o minería de criptoactivos, los permisos de acceso y conexión caducarán de forma automática. Con esta medida, el Ejecutivo busca erradicar el mercado secundario de 'licencias fantasma', donde los promotores reservaban potencia para naves industriales con el único fin de revender ese acceso a gigantes tecnológicos.

Prioridad para infraestructuras estratégicas

Además del control económico y temporal, el decreto incorpora un mecanismo de priorización que permite al Gobierno identificar proyectos de consumo considerados de alta prioridad. Esta categoría incluye instalaciones industriales estratégicas y servicios esenciales. En la práctica, esta herramienta permite acelerar el acceso a la red para iniciativas vinculadas a la economía digital, como centros de datos o infraestructuras de inteligencia artificial, frente a otros proyectos de menor impacto estratégico.

Así, la política energética se convierte en un instrumento de política industrial. El acceso a la red deja de ser un proceso neutral y pasa a alinearse con objetivos de soberanía tecnológica y competitividad.

Centros de datos y soberanía digital

El decreto también abre la puerta a una futura regulación específica de los centros de procesamiento de datos. A través de una disposición adicional, el Gobierno plantea el desarrollo de un marco normativo que defina requisitos de sostenibilidad, resiliencia y soberanía digital.

Este enfoque anticipa un mayor control sobre el despliegue de infraestructuras críticas, especialmente en lo relativo a la gestión de datos y a la seguridad nacional. En consecuencia, el crecimiento del sector de centros de datos quedará condicionado por factores técnicos o económicos, pero también por criterios regulatorios.

En paralelo, el texto reconoce el crecimiento exponencial de este tipo de instalaciones, impulsadas por la expansión de la inteligencia artificial, como uno de los factores que tensionan la red eléctrica.

Digitalización del sistema energético

El decreto incorpora también medidas orientadas a la digitalización de la gestión energética. Entre ellas, destaca el papel asignado a OMIE como gestor de la plataforma de Certificados de Ahorro Energético, en respuesta al aumento previsto de expedientes. Asimismo, se introducen cambios en la normativa eléctrica para fomentar la gestión de la flexibilidad. Este modelo permite que consumidores y operadores de almacenamiento participen en la estabilidad del sistema, lo que resulta especialmente relevante para centros de datos con capacidad de gestión energética propia.

Aunque el Real Decreto-ley 7/2026 se presenta como una respuesta urgente a la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio, como ya es habitual el Gobierno aprovecha estas ocasiones para introducir otras leyes no relacionadas con las medidas originales en un proceso que ya se conoce como decretos ómnibus.

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