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sábado 18 de julio de 2026, 11:00h

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Una investigación publicada en Royal Society Open Science revela que modelos como ChatGPT-4o, Gemini y Grok son capaces de inferir confianza, amenaza, culpa o juicio moral a partir de un rostro con patrones muy próximos a los de los seres humanos, aunque los investigadores advierten de que esto no implica que posean empatía real.

Más allá del reconocimiento de emociones

La inteligencia artificial continúa avanzando en capacidades que hasta hace pocos años parecían exclusivamente humanas, por ello, un nuevo estudio publicado en la revista científica Royal Society Open Science concluye que algunos de los modelos de IA más avanzados ya son capaces de interpretar determinadas señales sociales presentes en un rostro de forma muy similar a como lo hacen las personas.

La investigación, desarrollada por el Laboratorio de Investigaciones Biológicas Profesor Giacomo Rizzolatti de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), comparó las respuestas de 230 participantes humanos con las generadas por cinco modelos de inteligencia artificial: ChatGPT-4o, Gemini, Grok, Claude y Mistral, los resultados, muestran que ChatGPT-4o, Gemini y Grok fueron los sistemas que más se aproximaron al patrón humano al interpretar aspectos complejos de la cognición social, como la confianza, la culpa, la amenaza, el arrepentimiento o el juicio moral.

“Ese momento en el que una persona mira una cara e interpreta, casi sin darse cuenta, si hay confianza, sospecha, culpa, amenaza o juicio moral.”

A diferencia de muchos trabajos previos centrados en detectar emociones básicas como alegría, tristeza o enfado, esta investigación quiso analizar una capacidad mucho más sofisticada como es la habilidad para inferir las intenciones o estados mentales de una persona únicamente observando su rostro. Para ello, los investigadores diseñaron un experimento basado en ocho imágenes, compuestas por retratos de Diego Velázquez y fotografías realizadas por reconocidos autores como Arnold Newman y Roger George Clark.

En lugar de preguntar si el rostro parecía feliz o triste, los participantes debían responder cuestiones relacionadas con situaciones sociales cotidianas, por ejemplo si la persona retratada parecía confiar en alguien, sentirse culpable, mostrar arrepentimiento, percibir una amenaza o estar dispuesta a perdonar. Según explica Carlota Márquez-Pedregal, primera autora del estudio y estudiante del Grado en Psicología de la UFV, el objetivo era acercarse a la forma en la que las personas interpretan constantemente las expresiones de los demás casi de forma inconsciente, “ese momento en el que una persona mira una cara e interpreta, casi sin darse cuenta, si hay confianza, sospecha, culpa, amenaza o juicio moral”.

ChatGPT-4o, Gemini y Grok fueron los modelos más cercanos al comportamiento humano

Tras analizar todas las respuestas, los investigadores observaron que los participantes humanos mostraban una elevada consistencia al interpretar las distintas imágenes, lo que permitió establecer un patrón de referencia para comparar posteriormente el comportamiento de los modelos de IA.

Los resultados situaron a ChatGPT-4o, Gemini y Grok como los sistemas cuyos razonamientos coincidían con mayor frecuencia con las respuestas humanas, por detrás apareció Mistral, que mostró coincidencias parciales, mientras que Claude presentó un comportamiento más diferenciado en algunas dimensiones, especialmente al valorar conceptos como la confianza o la percepción de amenaza. Para los autores, uno de los hallazgos más relevantes es precisamente que no existe una única forma en la que la inteligencia artificial interpreta las señales sociales y es que, cada modelo responde de manera distinta dependiendo de su arquitectura, de los datos con los que ha sido entrenado y del proceso de ajuste aplicado durante su desarrollo.

Los investigadores consideran que estos resultados adquieren especial relevancia en un momento en el que la inteligencia artificial comienza a integrarse en ámbitos donde interpretar correctamente el comportamiento humano puede resultar determinante. Aplicaciones como asistentes virtuales, robots sociales, herramientas de apoyo psicológico, sistemas educativos personalizados o soluciones destinadas al cuidado de personas mayores podrían beneficiarse de modelos capaces de comprender mejor las señales sociales, sin embargo, el estudio insiste en que estas capacidades deberán evaluarse cuidadosamente antes de confiarles tareas donde una interpretación errónea pueda afectar directamente a las personas.

Pese a los resultados obtenidos, los autores subrayan que el estudio no demuestra que la inteligencia artificial posea empatía en el sentido humano del término sino que lo que la investigación evidencia es que algunos modelos son capaces de reproducir patrones funcionales de la cognición social, generando respuestas muy similares a las de las personas gracias al aprendizaje estadístico de enormes volúmenes de imágenes, lenguaje y contexto. En otras palabras, la IA puede ofrecer una respuesta que parezca empática sin experimentar realmente emociones, comprender subjetivamente el sufrimiento de otra persona o desarrollar una conciencia sobre lo que está interpretando.

Esta distinción resulta especialmente importante ahora que asistentes conversacionales como ChatGPT, Gemini o Grok mantienen interacciones cada vez más naturales y generan una sensación de cercanía que puede llevar a los usuarios a atribuirles capacidades humanas que realmente no poseen.

Un nuevo método para evaluar la cognición social de la IA

Otro de los aspectos destacados del trabajo reside en la metodología utilizada, los investigadores explican que muchas pruebas tradicionales de cognición social fueron diseñadas para evaluar personas y podrían haber formado parte de los datos de entrenamiento utilizados por algunos modelos de lenguaje. Para evitar ese posible sesgo, el equipo desarrolló un paradigma experimental específico con imágenes y preguntas inéditas, diseñado expresamente para comparar el comportamiento humano con el de la inteligencia artificial en tareas de interpretación social.

Los propios autores reconocen que la investigación constituye un primer paso y presenta diversas limitaciones, la muestra humana estuvo formada por jóvenes de entre 19 y 28 años, pertenecientes a un mismo contexto cultural y lingüístico, mientras que el experimento utilizó únicamente ocho imágenes y preguntas con respuestas binarias. Por ello, consideran necesario ampliar futuras investigaciones con participantes más diversos, un mayor número de estímulos visuales y situaciones más próximas a interacciones reales.

Aun así, el estudio abre una cuestión cada vez más relevante para el desarrollo de la inteligencia artificial, si algunos modelos ya son capaces de reproducir con precisión ciertos patrones de interpretación social propios de los seres humanos, será necesario establecer nuevos métodos para evaluar hasta dónde pueden utilizarse de forma segura y responsable en contextos donde la relación entre personas resulta fundamental.

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