En una reunión celebrada en Bruselas, los consejeros delegados de las principales compañías de telecomunicaciones europeas han trasladado a la vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, y a la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, su preocupación por la fragmentación del mercado europeo y la urgencia de facilitar fusiones transfronterizas y nacionales. El encuentro se produce a menos de dos semanas de la presentación de la nueva Ley de Redes Digitales, una normativa llamada a marcar el rumbo de las inversiones en conectividad en la UE.
El sector se moviliza ante un momento regulatorio decisivo
La reunión celebrada como parte de las acciones de lobby de Connect Europe, la patronal que agrupa a los principales operadores del continente, ha contado con figuras de primer nivel como Marc Murtra (Telefónica), Margherita Della Valle (Vodafone), Pietro Labriola (TIM), Ana Figueiredo (MEO), Lars Thomsen (Telenor) y Dominique Leroy (Deutsche Telekom), junto al director general de la asociación, Alessandro Gropelli.
En este sentido, los grandes grupos han coincidido en un mensaje común: el marco regulatorio vigente limita la capacidad de las telecos europeas para competir en igualdad de condiciones con sus homólogas de Estados Unidos y Asia.
Según el comunicado de Connect Europe, los directivos “subrayaron la importancia de políticas favorables a la inversión, la escala y la innovación en redes digitales”. Asimismo, han defendido que solo a través de un marco europeo coherente se podrán sostener las ambiciones comunitarias en liderazgo digital, sostenibilidad y autonomía estratégica.
Por ello, la industria considera que la excesiva fragmentación del mercado impide alcanzar el tamaño necesario para afrontar el despliegue de infraestructuras avanzadas, como la 5G de altas prestaciones y la evolución de las redes de fibra óptica.
Competencia, en el centro del debate
Uno de los ejes centrales del encuentro fue la política de competencia, ámbito que depende directamente de la vicepresidencia que ocupa la española Teresa Ribera. Las normas actuales, diseñadas entre 2004 y 2008, respondían a un mercado de telecomunicaciones dominado por la telefonía tradicional, muy alejado del actual ecosistema digital, donde la conectividad soporta servicios críticos, plataformas digitales y aplicaciones basadas en datos e inteligencia artificial.
Bruselas ya ha iniciado una revisión de estas reglas con el objetivo de que las evaluaciones de fusiones incorporen nuevos criterios estratégicos. Entre ellos figuran la capacidad de innovación, la resiliencia de las infraestructuras, las necesidades de seguridad y defensa, y el peso global de las compañías resultantes.
Desde el sector argumentan que el énfasis histórico en mantener precios bajos mediante una elevada competencia a corto plazo ha reducido los márgenes de inversión de los grandes grupos europeos, debilitando su posición tecnológica a medio y largo plazo.
En este contexto, los ejecutivos insistieron en que la conectividad debe entenderse como un activo estratégico y no solo como un servicio comercial. A su juicio, sin operadores con suficiente escala resulta inviable sostener el ritmo inversor que exige la transformación digital de la economía europea, desde la industria hasta los servicios públicos.
Infraestructura digital y soberanía tecnológica europea
Durante el encuentro, los máximos responsables de las telecos han reafirmado su disposición a colaborar estrechamente con el Parlamento Europeo. El objetivo pasa por garantizar que Europa mantenga infraestructuras digitales de primer nivel capaces de sostener la competitividad, la innovación y la soberanía tecnológica del continente. Los directivos de las telecos han subrayado así que la conectividad se ha convertido en la columna vertebral de la economía digital, con un impacto directo en la productividad, la seguridad y la cohesión territorial.
Asimismo, han alertado de que los grandes competidores internacionales operan en mercados mucho más concentrados, lo que les permite optimizar costes, acelerar despliegues y liderar el desarrollo de nuevas tecnologías. En comparación, Europa afronta el riesgo de quedar rezagada si no adapta su marco regulatorio a esta nueva realidad global.