Así lo refleja un nuevo informe de Kaspersky, que analiza la evolución del mercado laboral en la dark web y alerta del crecimiento de campañas dirigidas a jóvenes, muchas de ellas camufladas como ofertas relacionadas con servicios digitales, herramientas de privacidad o supuestos empleos vinculados a VPN y ciberseguridad.
El estudio muestra que el volumen de currículums y ofertas de empleo publicados en foros underground se duplicó entre el primer trimestre de 2023 y el mismo periodo de 2024, manteniéndose en niveles similares durante 2025. A diferencia de etapas anteriores, el perfil dominante ya no es el de un delincuente experimentado, sino el de personas jóvenes afectadas por la precariedad laboral y los despidos globales. La edad media de los aspirantes es de 24 años, con una presencia notable de menores de edad.
Aunque algunas publicaciones corresponden a trabajos aparentemente legítimos, la mayoría están vinculadas directa o indirectamente a actividades delictivas. Los datos dibujan una economía paralela en la que el 69% de los candidatos no especifica un área concreta, lo que indica una alta disposición a aceptar cualquier tarea remunerada, desde programación básica hasta estafas o apoyo a operaciones cibercriminales complejas.
Desde el lado de la demanda, las vacantes más habituales reflejan un ecosistema criminal ya maduro. Los desarrolladores concentran el mayor número de ofertas, seguidos por perfiles especializados en pruebas de penetración, blanqueo de dinero o robo de datos financieros. Cada rol cumple una función concreta dentro de cadenas delictivas cada vez más profesionalizadas, donde la especialización se traduce en mayores beneficios.
El informe también detecta diferencias de género. Las mujeres tienden a optar por puestos relacionados con la atención, el soporte técnico o la interacción con terceros, mientras que los hombres se inclinan mayoritariamente por roles técnicos o vinculados al fraude financiero, como desarrolladores o coordinadores de redes de mulas.
Uno de los elementos que más atrae a estos perfiles jóvenes es la promesa de ingresos rápidos. Los ingenieros de reverso pueden llegar a percibir más de 5.000 dólares mensuales, mientras que los penetration testers y desarrolladores superan con facilidad los salarios medios de muchos empleos tecnológicos legales. En otros casos, la remuneración se establece como un porcentaje del botín obtenido, especialmente en actividades relacionadas con estafas y fraude financiero.
Este esquema refuerza una percepción peligrosa: la idea de que la dark web funciona como un mercado laboral alternativo donde el talento se valora por encima de los títulos y los procesos de selección son rápidos y sin burocracia. Según advierten los analistas, esta aparente normalidad oculta riesgos legales y reputacionales irreversibles, además de una elevada probabilidad de explotación o abandono por parte de las propias redes criminales.
Los investigadores señalan que muchos de estos jóvenes no son conscientes de las consecuencias de participar en este tipo de actividades. La captación suele comenzar con tareas aparentemente inofensivas, como probar herramientas, gestionar tráfico web o colaborar en proyectos “técnicos”, que evolucionan progresivamente hacia actividades claramente delictivas.
Desde Kaspersky alertan de que este fenómeno no solo amplía la base del cibercrimen, sino que introduce un nuevo vector de riesgo social. La combinación de desempleo juvenil, habilidades técnicas y normalización del fraude digital está creando un caldo de cultivo especialmente sensible entre los más jóvenes.
Ante esta situación, los expertos subrayan la importancia de la prevención y la educación digital. Padres, educadores y organizaciones juegan un papel clave a la hora de detectar intentos de captación y mostrar alternativas profesionales legítimas dentro del sector tecnológico, incluida la ciberseguridad ética. La compañía ha puesto en marcha iniciativas específicas para reconducir el talento joven hacia usos responsables, en un intento de frenar una tendencia que, de no abordarse, podría consolidarse como uno de los grandes desafíos del ecosistema digital en los próximos años.