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VivaTech 2026

La soberanía tecnológica ya es una cuestión de supervivencia empresarial en Europa
(Foto: Miguel Castaño)

La soberanía tecnológica ya es una cuestión de supervivencia empresarial en Europa

miércoles 17 de junio de 2026, 19:00h

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Las tensiones geopolíticas, las restricciones tecnológicas y la creciente dependencia de proveedores extranjeros han convertido la soberanía tecnológica en una prioridad para las grandes compañías europeas, durante una de las mesa celebrada en VivaTech 2026, Stéphane Pallez, CEO de FDJ United, y Christel Heydemann, CEO de Orange, analizaron cómo las empresas del continente europeo están adaptándose a un escenario donde el acceso a infraestructuras, plataformas y servicios tecnológicos ya no puede darse por garantizado.

El fin de la dependencia invisible

La conversación arrancó con una reflexión que resume buena parte de las preocupaciones actuales del sector tecnológico europeo, la reciente decisión por parte de Anthropic de rescindir el acceso a su modelo más potente, Mythos 5, ha puesto de manifiesto hasta qué punto las empresas dependen de infraestructuras y plataformas que escapan a su control.

Para Stéphane Pallez, la soberanía tecnológica no es una cuestión ideológica, sino un asunto directamente ligado a la continuidad del negocio, la directiva explicó que FDJ United opera en un entorno altamente regulado donde la confianza es el principal activo de la compañía. La empresa, que cuenta con una fuerte base tecnológica y donde una parte muy importante de la plantilla trabaja en áreas relacionadas con la tecnología, depende de la integridad de sus sistemas y de la disponibilidad constante de sus servicios y aunque actualmente no perciben amenazas inmediatas que comprometan su actividad, reconoció que la exposición existe y que cualquier interrupción significativa podría tener consecuencias económicas y operativas relevantes. En un sector donde la confianza de los usuarios resulta fundamental, la soberanía tecnológica ha pasado a formar parte de las decisiones estratégicas del día a día.

Christel Heydemann ofreció una perspectiva diferente, aunque complementaria, desde su punto de vista, la palabra soberanía suele asociarse tradicionalmente a los Estados, pero para una multinacional como Orange, presente en decenas de mercados de Europa y África, el concepto adquiere matices mucho más complejos. La directiva destacó que la geopolítica se ha convertido en un factor determinante para muchas decisiones empresariales, las restricciones regulatorias, los cambios en las relaciones internacionales y las limitaciones impuestas sobre determinadas tecnologías están afectando directamente a las cadenas de suministro y a la capacidad de las compañías para operar con normalidad.

En este contexto, explicó que las empresas necesitan comprender en profundidad dónde se encuentran sus dependencias y vulnerabilidades, para ello, no basta con disponer de tecnología, también es necesario desarrollar conocimiento interno, competencias especializadas y capacidad para identificar los riesgos antes de que se conviertan en problemas reales.

La escala se convierte en una ventaja estratégica

Uno de los grandes consensos de la mesa fue la importancia creciente de la escala empresarial, Pallez señaló que el tamaño se ha convertido en uno de los ingredientes fundamentales para competir en la economía digital actual. A medida que las tecnologías se vuelven más complejas y las regulaciones más exigentes, las compañías necesitan mayores recursos para mantener su independencia estratégica y reducir sus niveles de dependencia externa. La directiva explicó que el reto no consiste únicamente en identificar los puntos críticos dentro de la organización, sino también en construir relaciones a largo plazo con otras compañías y startups capaces de desarrollar alternativas competitivas en Europa. En su opinión, la soberanía ya no debe considerarse un proyecto aislado, sino un criterio que forme parte de cualquier proceso de decisión tecnológica, aunque, reconoció que actualmente no existen alternativas europeas para todas las necesidades empresariales, se mostró optimista respecto a la evolución del ecosistema tecnológico del continente y a la aparición de nuevas soluciones en los próximos años.

Desde Orange, Heydemann insistió en que Europa sigue enfrentándose a un problema estructural de escala frente a los grandes actores globales, recordó que los clientes suelen exigir simultáneamente la mejor tecnología, el menor coste posible y proveedores de confianza cercanos a sus mercados. Sin embargo, alcanzar esos tres objetivos al mismo tiempo resulta cada vez más complicado, en muchos sectores tecnológicos, Europa carece de la dimensión suficiente para desarrollar y mantener alternativas competitivas frente a gigantes estadounidenses o asiáticos, obligando a las empresas a tomar decisiones complejas sobre qué dependencias pueden asumir y cuáles deben intentar reducir. Según Heydemann, la fragmentación regulatoria europea sigue dificultando la creación de verdaderos campeones continentales capaces de competir en igualdad de condiciones con compañías globales.

Orange apuesta por crecer para ganar influencia

La CEO de Orange también abordó el papel que juega la consolidación empresarial dentro de esta estrategia, han reforzado su presencia en mercados clave como Francia y España mediante distintas operaciones corporativas que le permiten aumentar su base de clientes y mejorar su capacidad de inversión. Sin embargo, incluso una empresa del tamaño de Orange continúa siendo relativamente pequeña cuando debe negociar con gigantes tecnológicos como Apple, Netflix o las principales plataformas digitales. Para Heydemann, la escala no es únicamente una cuestión financiera, sino una herramienta necesaria para incrementar el poder de negociación de las compañías europeas y garantizar que puedan seguir invirtiendo en infraestructuras críticas para el continente.

La parte final del debate estuvo marcada por una reflexión sobre el futuro de Europa, sin embargo, advirtió de que el verdadero reto consiste en transformar las conversaciones sobre soberanía tecnológica en medidas concretas, defendió que Europa dispone del talento, la capacidad industrial y los recursos necesarios para competir, pero necesita actuar con mayor decisión y rapidez para convertir esas fortalezas en resultados tangibles. Por su parte, Heydemann señaló que uno de los principales problemas del continente sigue siendo la lentitud en la toma de decisiones, Europa “debe aprender a adaptarse más rápido a los cambios tecnológicos y a cuestionar continuamente sus propios procesos si quiere mantener su relevancia en sectores estratégicos” como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones o la infraestructura digital. En un escenario marcado por la competencia geopolítica, las restricciones tecnológicas y la creciente concentración de poder en manos de unos pocos actores globales, las empresas europeas se ven obligadas a replantear sus dependencias y a buscar nuevas fórmulas para ganar autonomía.

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