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Las empresas giran su estrategia de IA hacia aplicaciones concretas y de alto impacto
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Las empresas giran su estrategia de IA hacia aplicaciones concretas y de alto impacto

sábado 31 de enero de 2026, 13:00h

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Tras varios años de grandes inversiones y proyectos ambiciosos, la inteligencia artificial corporativa entra en una nueva fase más pragmática. Un aspecto cada vez más evidente es que las organizaciones ya no buscan grandes transformaciones estructurales, sino aplicaciones concretas, medibles y con retorno claro, integradas en procesos existentes.

Así lo refleja el último informe global publicado por Unisys, que analiza las tendencias tecnológicas que marcarán la evolución del entorno empresarial en 2026. El estudio apunta a un cambio de mentalidad: menos experimentación a gran escala y más foco en soluciones pequeñas, repetibles y orientadas a resultados.

IA funcional frente a grandes proyectos de transformación

Según el análisis, las implantaciones basadas en IA están superando a los proyectos tradicionales de transformación digital. En lugar de iniciativas complejas y costosas, las compañías optan por desarrollos más acotados, diseñados para resolver tareas específicas dentro de los flujos de trabajo ya existentes.

Este enfoque permite trabajar con conjuntos de datos más reducidos y depurados, reducir la inversión inicial y acelerar la obtención de resultados. A su vez, facilita una gestión del cambio más fluida, un factor clave para la adopción real de la tecnología dentro de las organizaciones.

Chatbots y agentes inteligentes, las aplicaciones más demandadas

Uno de los patrones más claros del informe es la consolidación de un reducido grupo de aplicaciones de IA con alto retorno. En este sentido, los chatbots corporativos, los agentes de programación y los asistentes de servicio impulsados por IA se posicionan como las soluciones más demandadas.

Hay que tener en cuenta que estas herramientas no solo permiten automatizar tareas, sino también mejorar la calidad del servicio, reducir la variabilidad en los resultados y reforzar la toma de decisiones. Por consiguiente, la evaluación de la IA deja de centrarse exclusivamente en el ahorro de costes y pasa a medir su impacto en la calidad operativa y en los ingresos.

Menos modelos gigantes, más especialización

Paralelamente, las empresas están replanteando su forma de entrenar modelos de IA. El foco se desplaza de los grandes modelos generalistas hacia sistemas más pequeños y especializados, entrenados con datos específicos de cada sector o negocio.

Este cambio responde a la necesidad de obtener resultados más precisos, controlables y eficientes, tanto desde el punto de vista operativo como económico. A esto se suma una mayor facilidad para gobernar estos modelos y adaptarlos a entornos regulados o sensibles.

La IA no dispara despidos, pero redefine roles

Pese a los temores iniciales, el informe descarta despidos masivos impulsados por la IA en el corto plazo. Un aspecto relevante es que las organizaciones son conscientes de que los recortes indiscriminados pueden dañar la confianza del cliente y frenar la transformación.

No obstante, sí se prevé una redefinición de ciertos perfiles, especialmente en tareas rutinarias como la programación básica. A su vez, las ganancias de productividad se redirigirán hacia la modernización tecnológica, la mejora de la experiencia del cliente y la reducción de cargas operativas acumuladas.

Ciberseguridad, soberanía y resiliencia en el centro de la agenda

El avance de la IA también intensifica los retos de seguridad. El informe señala que la misma tecnología que refuerza la defensa está siendo utilizada para acelerar los ciberataques, desde phishing personalizado hasta deepfakes o suplantación de identidad.

Por ello, la velocidad de recuperación se impone como un factor estratégico, incluso por encima de la prevención absoluta. Las empresas priorizan planes de continuidad, copias de seguridad offline y capacidades de reconstrucción rápida como elementos clave de resiliencia.

A esto se suma un creciente interés por la soberanía del dato. Lo que antes era un requisito de nicho se convierte ahora en una expectativa estándar, especialmente en sectores regulados, impulsando modelos híbridos y el abandono de enfoques “cloud-only” como única estrategia viable.

De la promesa al retorno tangible

Según Mike Thomson, consejero delegado y presidente de Unisys, tras un periodo marcado por expectativas infladas y mensajes contradictorios, 2026 será el año en el que la IA demuestre su valor real en el entorno empresarial. El foco estará en despliegues funcionales, calidad de resultados y aplicaciones capaces de generar ROI de forma sostenida.

En conjunto, el informe dibuja un escenario en el que la inteligencia artificial deja de ser un experimento para convertirse en una herramienta operativa, integrada de forma estratégica y con un impacto directo en la competitividad de las organizaciones.

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