La Administración estadounidense ha aprobado la exportación del procesador H200 de Nvidia a empresas chinas, introduciendo un marco regulatorio restrictivo que busca equilibrar el control tecnológico con los intereses comerciales del sector de semiconductores.
El Gobierno de Estados Unidos ha dado luz verde a la venta en China del H200, el segundo procesador de inteligencia artificial más avanzado de Nvidia, aunque bajo un conjunto de condiciones diseñadas para limitar su impacto estratégico.
La decisión, confirmada por el Departamento de Comercio a través de su Oficina de Industria y Seguridad (BIS), supone un giro relevante en la política de control de exportaciones aplicada a los chips avanzados y refleja un enfoque más flexible que el adoptado en 2025.
Un régimen de autorización caso por caso
El nuevo marco establece que cada operación de exportación del H200 a China deberá ser evaluada individualmente por las autoridades estadounidenses. Además, el volumen de envíos al mercado chino no podrá superar el 50% del total de unidades destinadas al mercado estadounidense. Este límite pretende evitar una dependencia excesiva del mercado chino y preservar la disponibilidad doméstica de un componente clave para el desarrollo de la inteligencia artificial en Estados Unidos.
Asimismo, Nvidia deberá certificar que no existe escasez interna del H200 antes de autorizar cualquier envío. Como parte del proceso, cada remesa destinada a China tendrá que someterse a verificaciones técnicas realizadas por un laboratorio independiente con sede en Estados Unidos, con el objetivo de confirmar las capacidades y funcionalidades del chip.
El H200 estaba sujeto a restricciones de exportación desde enero de 2025, en el marco de la denominada AI Diffusion Rule, impulsada durante los últimos días de la Administración Biden para frenar el acceso de terceros países a tecnología estadounidense avanzada. Sin embargo, durante el último año, el Ejecutivo liderado por Donald Trump ha trabajado para suavizar parte de estas limitaciones, una estrategia que ha generado debate interno entre los responsables de seguridad nacional y comercio.
En este contexto, el BIS ha modificado su enfoque regulatorio, pasando de una presunción de denegación automática a un sistema de revisión caso por caso. Esta modificación abre la puerta a un mayor número de licencias, aunque mantiene un alto nivel de supervisión.
Alta demanda y presión comercial
Desde Nvidia se ha insistido en la fuerte demanda existente en China por este tipo de procesadores. Durante el último Consumer Electronics Show celebrado en Las Vegas, el consejero delegado de la compañía, Jensen Huang, ha defendido que la demanda de clientes chinos por el H200 era “muy elevada” y que la empresa estaba reactivando su cadena de suministro para responder a ese interés.
En diciembre, el propio presidente Trump había anticipado que permitiría la venta del H200 a clientes chinos previamente aprobados, tras una reunión con Huang en Washington. En ese momento, el mandatario llegó a señalar que una parte de las ventas estaría sujeta a un pago al Gobierno estadounidense, aunque esta condición no figura en la normativa publicada ahora por el BIS.
Condiciones también desde Pekín
La decisión estadounidense no implica una apertura total del mercado chino. Las autoridades de Pekín han establecido, de forma paralela, sus propios requisitos para autorizar la compra de estos chips. Según diversas fuentes del sector, el Gobierno chino solo aprobará pedidos del H200 en circunstancias excepcionales, como proyectos de investigación universitaria o laboratorios de I+D.
Este enfoque responde tanto a consideraciones estratégicas como a preocupaciones en materia de ciberseguridad. Medios estatales chinos han advertido en los últimos meses sobre supuestos riesgos asociados a los chips de Nvidia, mientras que la Administración del Ciberespacio de China llegó a convocar a la compañía para analizar posibles funciones de seguimiento o control remoto en modelos anteriores.