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Motorola Razr Fold
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Motorola Razr Fold (Foto: Alfonso de Castañeda)

Prueba Motorola Razr Fold, un debut sorprendentemente maduro entre los plegables

miércoles 26 de agosto de 2026, 09:00h

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Motorola sabe de móviles plegables y lleva años demostrando, con la familia Razr, que el formato concha puede ser algo más que un ejercicio de nostalgia, pero hasta ahora faltaba una pieza importante: un plegable tipo libro capaz de competir directamente con las propuestas más ambiciosas del mercado.

El Motorola Razr Fold llega precisamente para ocupar ese espacio y lo hace con una propuesta mucho más madura de lo que cabría esperar en una primera generación, pero no buscan reinventar el formato. Sobre el papel hay pocos sacrificios frente a un flagship tradicional, algo especialmente importante en una categoría donde durante años el formato plegable obligaba a aceptar compromisos en autonomía, cámaras o resistencia. Tras varias semanas de uso, precisamente el equilibrio termina siendo la principal virtud del Razr Fold.

Diseño y bisagra

El Razr Fold sigue las reglas habituales de un plegable tipo libro, aunque Motorola ha conseguido darle personalidad propia. Cerrado mide 160,05 x 73,6 x 9,89 mm y abierto alcanza 144,47 x 160,05 x 4,55 mm, con un peso de 243 gramos. No es precisamente ligero y se nota tanto en la mano como en el bolsillo, especialmente cuando se utiliza durante largos periodos cerrado, pero el reparto del peso está bien conseguido y la construcción transmite una sensación de solidez acorde con su posicionamiento premium.

La bisagra aquí juega un papel fundamental, ya que el mecanismo del plegable de Motorola ofrece una resistencia adecuada durante el recorrido y permite mantener el teléfono abierto en diferentes ángulos, algo especialmente útil para videollamadas, fotografía o consumo de contenido sin necesidad de apoyos adicionales. El cierre también transmite seguridad y, una vez desplegado, ambas mitades quedan correctamente alineadas. Motorola acompaña el conjunto con certificación IP48/IP49 frente al agua y el polvo, una protección especialmente bienvenida en un dispositivo con tantas partes móviles.

El gran módulo de cámara provoca que el terminal, colocado sobre una mesa, no quede plano

El pliegue de la pantalla interior del Razr Fold sigue estando ligeramente presente y puede apreciarse en algún ángulo de incidencia de la luz. Tampoco desaparece completamente al pasar el dedo por la zona central. Sin embargo, durante el uso termina pasando rápidamente a un segundo plano y apenas condiciona la experiencia cuando se está leyendo, navegando, viendo contenido o trabajando con varias aplicaciones. Aquí Motorola ofrece una solución convincente, aunque todavía hay margen para que futuras generaciones sigan refinando uno de los grandes desafíos físicos del formato plegable.

Pantallas: dos paneles que tienen sentido por separado

La pantalla interior es uno de los grandes argumentos del Motorola Razr Fold. Al desplegarlo aparece un panel pOLED LTPO de 8,1 pulgadas con resolución de 2.484 x 2.232 píxeles, formato prácticamente cuadrado, tasa de refresco adaptativa de hasta 120 Hz, compatibilidad con HDR10+ y Dolby Vision. Son especificaciones de primer nivel, pero lo verdaderamente importante es cómo se aprovechan: leer documentos, editar contenido, disfrutar de fotografía o trabajar con varias aplicaciones resulta mucho más cómodo que en un smartphone convencional.

Y a ello le acompaña una calidad del panel a la altura que muestra imágenes nítidas, colores con fuerza sin ser excesivamente artificiales y ángulos de visión muy buenos. También responde bien en exteriores, con un brillo máximo que alcanza los 6.200 nits en la pantalla interior, y la fluidez está a la altura de un dispositivo de esta categoría. Durante estas semanas de prueba, precisamente la pantalla interior termina siendo uno de esos elementos que invitan a abrir el teléfono incluso para tareas que perfectamente podrían resolverse desde el panel exterior.

Y esa última parte es importante porque Motorola tampoco ha tratado la pantalla externa como un elemento secundario. El Razr Fold incorpora un panel pOLED LTPO de 6,6 pulgadas con resolución de 2.520 x 1.080 píxeles, formato 22:9 y una tasa de refresco adaptativa que puede alcanzar los 165 Hz. También ofrece compatibilidad con HDR10+ y Dolby Vision y un pico de brillo de hasta 6.000 nits, protegida por un Corning Gorilla Glass Ceramic 3. Sobre el papel son cifras propias de un flagship y, en la práctica, permiten utilizar el Razr Fold como un smartphone prácticamente convencional cuando está cerrado: mensajería, navegación, cámara o redes sociales se manejan cómodamente sin necesidad de abrir constantemente el dispositivo.

Donde el formato empieza a justificar realmente su existencia es en la multitarea. Motorola aprovecha el tamaño de la pantalla interior para trabajar con varias aplicaciones, mover contenido entre ellas y reorganizar el espacio según las necesidades de cada momento, una experiencia suficientemente pulida como para que la gran pantalla deje de sentirse como un añadido y pase a convertirse en una herramienta real de trabajo.

La experiencia multimedia también está a muy buen nivel. El tamaño del panel interior convierte al Razr Fold en un dispositivo especialmente cómodo para vídeo, fotografía o lectura, y Motorola acompaña las dos pantallas con un sistema de altavoces estéreo compatible con Dolby Atmos y ajustado bajo el sello Sound by Bose. El sonido ofrece una buena separación y definición a volúmenes normales, aunque la potencia máxima no está entre sus grandes virtudes y, cuando se fuerza por encima del 75%, los agudos empiezan a perder algo de limpieza.

Cámaras

Las cámaras han sido tradicionalmente uno de los sacrificios asociados a los plegables, pero Motorola ha querido evitarlo en el Razr Fold. El sistema trasero está formado por tres cámaras de 50 megapíxeles: una principal con apertura f/1.6 con estabilización óptica, un ultra gran angular con f/2.0 y un campo de visión de 122º y un teleobjetivo con f/2.4 con zoom óptico 3x y OIS. A ello se suman dos cámaras frontales, una para cada pantalla, con 20 MP en el panel exterior y 32 MP en el interior. Sobre el papel es un conjunto muy completo y, durante las pruebas, se confirma como uno de los puntos fuertes del dispositivo.

La cámara principal ofrece resultados de muy buen nivel, especialmente con buena iluminación. Hay detalle, un rango dinámico amplio y un tratamiento del color atractivo sin que el procesado termine dominando completamente la fotografía. En escenas nocturnas mantiene bien el tipo y la estabilización ayuda cuando la luz empieza a escasear. No alcanza necesariamente el nivel de los mejores flagship centrados específicamente en fotografía, pero tampoco transmite esa sensación de cámara recortada que todavía aparece en algunos plegables.

El ultra gran angular mantiene una buena coherencia de color respecto a la cámara principal y es suficientemente competente como para utilizarlo con frecuencia, aunque es la lente menos destacada de las tres, como ya viene siendo habitual en los últimos años. Como suele ocurrir, pierde algo de detalle cuando cae la luz y la calidad en los extremos queda un paso por detrás de la principal. Aun así, cumple bien su función y completa un sistema fotográfico bastante equilibrado.

El teleobjetivo es probablemente la cámara que más se agradece. Contar con un 3x óptico estabilizado amplía muchísimo las posibilidades del Razr Fold para retratos, fotografía urbana o escenas donde físicamente no podemos acercarnos al sujeto. La calidad se mantiene a muy buen nivel en ese rango y permite recurrir al zoom con bastante confianza, en lugar de tratarlo como una función secundaria.

El propio formato añade además posibilidades interesantes como utilizar la pantalla exterior como referencia durante determinadas capturas y el teléfono puede mantenerse parcialmente plegado para apoyarlo sobre una superficie, algo especialmente útil en fotografías de grupo, autorretratos o vídeo. Son pequeñas ventajas que no mejoran directamente el sensor, pero sí cambian la manera de utilizar la cámara y aprovechan una característica exclusiva de este tipo de dispositivos.

Las cámaras frontales cumplen correctamente para videollamadas y selfies, aunque con un plegable de estas características existe una alternativa mucho más interesante: aprovechar las cámaras traseras junto a la pantalla exterior para encuadrarse. Es una de esas posibilidades que, una vez acostumbrados al formato, termina restando protagonismo a las cámaras frontales y permite obtener autorretratos con una calidad claramente superior.

En vídeo, el Razr Fold mantiene el buen nivel general del apartado fotográfico, con grabación de hasta 8K a 30 fps, 4K a 60 fps y FHD hasta 240 fps, además de soporte para Dolby Vision, estabilización eficaz y una respuesta sólida en cambios de iluminación. Aquí vuelve a ser especialmente interesante la posibilidad de utilizar diferentes posiciones del plegado como apoyo improvisado, reduciendo la dependencia de trípodes para determinadas tomas.

Rendimiento y software

En su interior, el Motorola Razr Fold monta el Snapdragon 8 Gen 5, acompañado en la configuración por 16 GB de memoria RAM LPDDR5X y 512 GB de almacenamiento UFS 4.1. En el uso diario, esta combinación responde como cabría esperar: aplicaciones que abren prácticamente al instante, multitarea sin problemas y potencia de sobra para juegos, edición de fotografía o cualquier tarea exigente. La sensación general es de absoluta fluidez, incluso cuando se empieza a explotar de verdad la pantalla interior con varias aplicaciones abiertas simultáneamente.

Ahora bien, el formato plegable vuelve a imponer sus propias reglas. En sesiones especialmente exigentes se aprecia cierto aumento de temperatura, especialmente cuando se combina una carga elevada de procesamiento con un uso prolongado de la pantalla. No llega a convertirse en un problema recurrente ni condiciona la experiencia general, pero el calentamiento es probablemente uno de los pocos aspectos donde el Razr Fold recuerda que concentrar semejante hardware en un cuerpo de apenas 4,55 mm cuando está abierto tiene sus compromisos.

El Razr Fold incorpora 5G, WiFi 7, Bluetooth 6.0, NFC, UWB y USB-C 3.2 Gen 1 con DisplayPort 1.2, además de eSIM y SIM física

En conectividad, el Razr Fold incorpora 5G, WiFi 7, Bluetooth 6.0, NFC, UWB y USB-C 3.2 Gen 1 con DisplayPort 1.2, además de eSIM y SIM física. El sistema de posicionamiento es compatible con GPS, GLONASS, Galileo, QZSS, BeiDou y NavIC.

Donde Motorola ha hecho un trabajo especialmente bueno es en el software. El Razr Fold llega con Android 16, aunque Motorola garantiza siete años de actualizaciones de seguridad y sistema, y una adaptación que entiende que disponer de 8,1 pulgadas sirve de poco si el sistema se comporta exactamente igual que en un teléfono convencional. La interfaz está bien aprovechada, las transiciones entre la pantalla exterior y la interior son naturales y las aplicaciones mantienen la continuidad cuando se despliega el dispositivo. Además, la barra de tareas facilita saltar rápidamente entre aplicaciones y aprovechar el espacio adicional sin convertir cada acción en un proceso más complicado de lo necesario.

La multitarea es precisamente uno de los puntos donde más sentido cobra el formato. Se pueden ejecutar varias aplicaciones simultáneamente y distribuirlas por la pantalla para, por ejemplo, mantener un navegador abierto mientras se consulta el correo o trabajar con un documento mientras otra aplicación ocupa una segunda zona del panel. A ello se suman las ventanas flotantes y diferentes posibilidades de reorganización, un conjunto de herramientas que convierte la pantalla interior en algo más que un panel grande para consumir contenido.

Motorola completa la experiencia con sus propias funciones y servicios, además de la integración del Moto Pen Ultra que ya hemos comentado. El resultado es un software bastante maduro para tratarse del primer plegable tipo libro de la compañía.

Moto Pen Ultra

Y entonces aparece el Moto Pen Ultra. La compatibilidad con lápiz digital aporta mucho más de lo que inicialmente podría parecer a una pantalla de estas dimensiones. Tomar notas, realizar anotaciones sobre documentos, seleccionar contenido o simplemente escribir directamente sobre el panel convierte al Razr Fold en una herramienta bastante más versátil, especialmente cuando se utiliza para trabajar. Además, el sistema reconoce automáticamente el Pen y despliega un acceso directo a sus herramientas, mientras que la conversión de escritura a mano alzada en texto funciona especialmente bien.

Sin embargo, la solución física elegida es algo menos convincente. El lápiz no se integra dentro del teléfono y obliga a recurrir a una funda específica para transportarlo, lo que añade todavía más volumen a un dispositivo que ya parte de 243 gramos. Es un compromiso incómodo, aunque comprensible teniendo en cuenta las limitaciones de espacio de un plegable tan fino. La experiencia con el Moto Pen Ultra merece la pena; llevar siempre encima todo el conjunto es algo menos práctico.

Batería

En su interior incorpora una batería de silicio-carbono de 6.000 mAh con carga rápida por cable de 80 W y carga inalámbrica de 50 W

La autonomía es otra de las grandes sorpresas del Motorola Razr Fold. En su interior incorpora una batería de silicio-carbono de 6.000 mAh, una capacidad especialmente generosa para un dispositivo plegable de estas dimensiones y que permite afrontar uno de los problemas históricos del formato: alimentar dos pantallas de gran tamaño sin obligar a convivir permanentemente con el cargador. El conjunto se completa con carga rápida por cable de 80 W y carga inalámbrica de 50 W.

En la práctica, el resultado es sobresaliente. Con un uso convencional, alternando entre las pantallas exterior e interior, mensajería, navegación, fotografía y consumo multimedia, el Razr Fold puede acercarse a los dos días lejos del enchufe. Evidentemente, abusar de la pantalla interior, la cámara, los juegos o la multitarea intensiva reduce considerablemente esa cifra, pero incluso en jornadas exigentes existe margen suficiente para llegar al final del día con tranquilidad.

Conclusión

El Motorola Razr Fold, disponible por 1.999 euros con el Moto Pen Ultra incluido, tiene algo especialmente difícil de conseguir en una primera generación: transmite sensación de producto maduro. Motorola ha entrado en el segmento de los plegables tipo libro con una propuesta que destaca menos por una característica espectacular que por la forma en la que encajan todas sus piezas. Las dos pantallas son excelentes, el rendimiento está a la altura, el software aprovecha realmente el formato y la autonomía elimina uno de los compromisos que durante años hemos asumido como inevitables en este tipo de dispositivos.

Hay decisiones que elevan considerablemente la experiencia como la incorporación de un teleobjetivo 3x que completa un sistema fotográfico realmente competitivo

Además, hay decisiones que elevan considerablemente la experiencia como la incorporación de un teleobjetivo 3x que completa un sistema fotográfico realmente competitivo, mientras que el Moto Pen Ultra transforma esas 8,1 pulgadas en algo más parecido a una pequeña herramienta de trabajo. Precisamente ahí es donde el Razr Fold empieza a justificar el formato: cuando abrirlo aporta posibilidades que van más allá de disponer simplemente de una pantalla más grande.

Pese a todo, aún hay algo de margen para mejorar. Los 243 gramos se notan, especialmente cuando se añade la solución necesaria para transportar el Moto Pen Ultra, el pliegue sigue siendo algo perceptible y bajo determinadas cargas el terminal puede alcanzar temperaturas algo elevadas, en ningún caso peligrosas. Son compromisos que conviene tener presentes, aunque ninguno termina rompiendo una experiencia general que sorprende por su equilibrio.

El resultado es uno de esos plegables que empiezan a hacer que la categoría deje de necesitar demasiadas explicaciones. El Razr Fold ofrece batería para acercarse a los dos días, buenas cámaras, potencia, un software muy bien trabajado y una pantalla interior que realmente invita a utilizarse. Motorola no se ha limitado a fabricar su primer plegable tipo libro: ha construido desde el principio un flagship capaz de defenderse por sí mismo incluso cuando dejamos de valorar la espectacularidad de que pueda doblarse.

Nota: 9/10

Lo mejor: autonomía sobresaliente, excelentes pantallas y un formato muy bien aprovechado por el software

Lo peor: peso elevado y cierto calentamiento bajo cargas exigentes

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