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La Secretaraia de Estado de Inteligencia Artificial y Digitalización, Carme Artigas, durante un encuentro con la prensa
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La Secretaraia de Estado de Inteligencia Artificial y Digitalización, Carme Artigas, durante un encuentro con la prensa (Foto: Alfonso de Castañeda)

‘Radar Covid’ by Apple y Google ¿para qué?

domingo 02 de agosto de 2020, 00:26h

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Según ha informado hoy la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital; Nadia Calviño; a través del neuvo Boletín Oficial de los Estados para los políticos del mundo entero, Twitter, “El presidente @sanchezcastejón ha puesto a disposición de las Comunidades Autónomas la app #RadarCovid para alerta de contagios, que se ha probado con éxito en La Gomera”; la aplicación, que llega con meses de retraso debería complementar y automatizar el trabajo que realizan los pocos rastreadores que tenemos. Pero ¿lo va a hacer?

Y es que, según informó Zonamovilidad, el pasado 29 de junio el Gobierno español activó en pruebas, en San Sebastián de la Gomera, una aplicación denominada ‘Radar Covid’ con la intención de probar su eficacia para contener la propagación del coronavirus. Esa etapa de prueba, tras la fase de arranque (aprendizaje y difusión), ha tenido un periodo de monitorización (simulación de contagios y seguimiento) y análisis que ha durado, aproximadamente, un mes. El estudio de resultados se ha llevado a cabo en los últimos diez días y se ha centrado en conocer el volumen de adopción, eficacia, compromiso (cuántos positivos se han comunicado) y, sobre todo, la retención (cuántos usuarios han mantenido activa la app).

Con meses de retraso llega Radar Covid (DP-3T)

El retraso con respecto a la fecha en que Europa presentó su sistema de Rastreo Paneuropeo de Proximidad para Preservar la Privacidad (PEPP-PT o Pan-European Privacy-Preserving Proximity Tracing) es de tres meses y medio, tiempo en que según cifras gubernamentales han muerto más de 28.000 personas y según el INE o el Instituto Carlos III, más de 40.000. Y es que el pasado 17 de abril, día de presentación de la iniciativa, la secretaria de Estado de Inteligencia Artificial y Agenda Digital, Carmen Artigas, indicó que España participaría en la mencionada propuesta y se contaba con nuestro país entre los impulsores junto a Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania y Suiza. Ese día se aseguró que esta aplicación “ayudaría a gestionar el brote de Covid-19 de una manera social, económica y humanamente tolerable” al utilizarse los móviles como medio para que los contactos pudieran aislarse rápidamente. Sin embargo, los factótums de la privacidad, alzaron la voz y desalentaron a los diferentes gobiernos para apoyar una solución que, en principio, parecía efectiva; o al menos más efectiva que la elegida a posteriori.

‘Radar Covid’ se basa en el método, desarrollado por Apple y Google sobre Bluetooth, denominado DP-3T (Decentralized Privacy-Preserving Proximity Tracing)

Más de dos meses después, cuando, por fin, Artigas presentó la propuesta nacional, esta nada tenía que ver con PEPP-PT; muy al contrario, nuestro ‘Radar Covid’ se basaba -se basa- en el método, desarrollado por Apple y Google sobre Bluetooth, denominado DP-3T (Decentralized Privacy-Preserving Proximity Tracing), el cual, según los expertos, no está centralizado y goza de mayor transparencia y respeto a la privacidad que el primero.

La diferencia entre uno y otro es que este último, el que se ha elegido finalmente gestiona la relación entre contactos únicamente desde el móvil, en una especie de juego de emparejamiento de códigos, y el primero es un sistema en el que todo pasa por un servidor central que gestionan las autoridades sanitarias (o en quien deleguen estas). Con el DP-3T si dos móviles están próximos durante más de cinco minutos, se intercambian directamente unos códigos a través de Bluetooth y éstos quedan almacenados durante catorce días. En caso de enfermedad, el propietario del teléfono lo notifica de forma anónima al sistema de salud, a través de una clave que le facilita el médico. El resto de las personas que tienen la app pueden consultar con la frecuencia deseada si su móvil ha coincidido con el de otro usuario contagiado, siempre anónimo y autoconfinarse, vountariamente, de forma inmediata.

La privacidad por delante de la vida

Y si es verdad que, por fin, tenemos una aplicación que pude aliviar el ingente y casi imposible trabajo de los rastreadores humanos y, sobre todo, hacerlo de forma efectiva, inmediata y sin recogida de datos, el programa suscita todo tipo de dudas. Para empezar, porque la descarga es voluntaria desde las tiendas de aplicaciones de Google y Apple; para seguir, porque hay que llevar el Bluetooth encendido todo el tiempo (es algo habitual, pero no generalizado ni constante; en el momento en que baja el nivel de batería el propio software de ahorro desconecta el Bluetooth) y para terminar porque cualquier proceso, salvo el intercambio automático de códigos, hay que hacerlo personalmente (tanto avisar del contagio como consultar si has estado con algún contagiado -que haya avisado y use la app-).

Tal y como explica la secretaria de Estado, la app del ministerio que hoy se ha puesto a disposición de las Comunidades Autónomas, “no recoge dato alguno, no pide dato alguno, no geolocaliza y todos los identificadores Bluetooth son aleatorios, anónimos y temporales”. No obstante, no se puede obviar que tanto Google como Apple sí gestionan la data que procede de los móviles que tienen cargado su sistema operativo y que el volumen de datos para el desarrollo de servicios, uso de BigData y creación de algoritmos de IA, es un tesoro que se les entrega, suponemos que gratuitamente o, como es habitual, a cambio del uso de sus APIs, a las multinacionales de Internet americanas.

Tarde, mal y nunca, dice el refrán y sabemos que es fácil criticar frente a un teclado carente de responsabilidad, sobre todo jurídica; pero si tenemos en cuenta para todo lo que se utilizó el Boletín General del Estado durante el estado de alarma y con la cantidad de muertos que había encima de la mesa, esto de la aplicación debería haber sido mucho más efectivo, rápido y directo; la mayoría de la población lo habría agradecido; en especial, los comercios, centros de restauración, ocio o turismo que ahora ‘re-cierran’ y están en quiebra o al borde de alcanzarla.

Una aplicación OTA

Llevamos meses preguntándonos y preguntando a otros por qué no se apostó por una aplicación eficaz epidemiológicamente hablando y útil para el sistema sanitario

Llevamos meses preguntándonos y preguntando a otros por qué no se apostó por una aplicación eficaz epidemiológicamente hablando y útil para el sistema sanitario; tanto para investigar la enfermedad como para gestionar la pandemia y, así, descongestionar hospitales y minimizar el riesgo para la salud. ¿Por qué no se desarrolló un software que los operadores pudieron mandar vía OTA (over the air o vía red móvil) a todos los teléfonos de sus clientes? Los datos requeridos hubieran ido a un servidor custodiado por ellos mismos y con acceso, sólo bajo determinados preceptos, de las autoridades sanitarias. Una vez finalizada la pandemia, los mismos operadores las hubieran eliminado obligatoriamente de los móviles de sus clientes: aquí paz y después gloria. De la misma forma, se podía haber asociado a un sistema encriptado y altamente eficaz como son los SMS, que utilizan la muy segura red telefónica y no Internet, y todos sabríamos que una fuga de datos personales sería responsabilidad de las telefónicas y que es algo que difícilmente puede llegar a suceder. Por rizar el rizo, se podría haber sumado la solución a una cadena de blockchain, con lo que cada registro quedaría garantizado. ¡Había opciones!

¿Y la privacidad de la que tanto se habla y que está amparada por la LGPD? Llegado el caso, si algún ‘objetor’ se hubiera negado a la supuesta, hipotética e improbable vulneración de su privacidad -solemos creer que tenemos algún tipo de interés cuando, por lo general le importamos a pocos-, bastaba con que demostrara que, en base a ese celo, no utilizaba aplicaciones de Apple, Google, Amazon o Facebook, para que causara baja en la plataforma. Por tanto, todo el mundo la tendría, salvo casos excepcionales, sería efectiva, aportaría material de investigación y se podrían tomar medidas de prevención.

Realmente, es una cuestión de prioridades y, hasta el momento, salvar vidas y mantener la economía a flote debería ser lo primero para cualquier ciudadano, más allá de preocuparse si lo van a geolocalizar desde el ministerio de Sanidad (a quien creemos interesadísimo en nuestros quehaceres diarios) o si el CNI va a estar pendiente de que alguien no está donde ha dicho que está… o de que menganito está compartiendo un ratito ¿cómo se dice ahora? Con una ‘amiga íntima’. ¡Voyons la gilipollua! Somos mucho menos interesantes de lo que creemos, seres cotidianos, rutinarios y bastante mediocres para lo que podríamos ser.

Corea salva vidas y su economía, España no

Es una cuestión de prioridades y, hasta el momento, salvar vidas y mantener la economía a flote debería ser lo primero para cualquier ciudadano, más allá de preocuparse si lo van a geolocalizar desde el ministerio de Sanidad

Tal vez por todo esto, España no es Corea, ellos son una potencia y nosotros no; ellos han vivido una Guerra Civil muy posterior a la nuestra y se han sobrepuesto al dolor y al rencor; ellos son una potencia tecnológica y ecológica y nosotros aspiramos aún a serlo; ellos han sabido coger lo mejor que la cultura asiática y adoptar lo mejor de la occidental para crecedr; ir más allá y aprovechar el potencial que les concede el futuro (su PIB ha caído un 3,3% entre abril y junio y el nuestro supera el 18,5%). Pero ellos han plantado cara a la pandemia, la cual tuvo que frenar en seco ante la voluntad coreana, ante el principio del bien común y se topó con “Self-quarantine safety protection”, una aplicación desarrollada por el Ministerio del Interior y Seguridad de Corea del Sur la cual, la cual detecta si las personas en cuarentena (obligatoria) la mantienen y en caso negativo avisa a la policía local, alerta de nuevos casos de contagio y genera datos que permiten prevenir situaciones de riesgo.

En definitiva, contamos con la buena voluntad de la muy profesional nueva secretaria de estado de Inteligencia Artificial, Carmen Artigas, quien finalmente ha llevado a cabo el proyecto; pero el entorno jurídico-político no ha facilitado las cosa y sí, tenemos una aplicación de la que se harán las consabidas loas en rueda de prensa (no hay que olvidar que se ha probado en un entorno de ensayo, en una mini-isla, con población entregada al experimento); aunque lo cierto es que no va a satisfacer las necesidades que debería de cubrir, ni aprovechará el potencial de la tecnología para ayudar a la sociedad, ni permitirá que se reabran las aulas con tranquilidad, ni facilitará que comercios, hoteles y restaurantes abran cada día con la seguridad de que hay una herramienta que los ayudará a controlar cualquier peligro desde el minuto cero.

Para este viaje… al menos los rastreadores, lentos e inseguros comparados con el potencial de una máquina, trabajan sin descanso y cobran un sueldo; en el caso de Radar Covid el beneficio de la gestión de los datos anonimizados, derivados de los terminales, se lo hemos regalado a los americanos. ¿Recuerdan que en España durante el confinamiento el comercio local estaba cerrado a cal y canto, pero Amazon podía repartir cualquier tipo de producto sin traba alguna? Pues eso…
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