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Por Pilar Bernat
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viernes 29 de enero de 2021, 09:20h

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Medio Estados Unidos y seguramente la mayoría del mundo, pudo descansar tranquilo el pasado 20 de enero cuando el Air Force One despegó rumbo a Miami y dejó allí al que seguro ha sido el presidente más polémico de la historia reciente de los Estados Unidos y del que se creía era el hombre más poderoso del mundo. ¿O no?

Quién le iba a decir a Trump, durante cuatro años el supuesto hombre más poderoso del planeta, que no lo era. Quién que esas plataformas digitales que voceros, aspirantes, egocéntricos, exhibicionistas… “amantes, currantes y algún que otro cura despistao” han adoptado como medios de comunicación oficial y tribunas de expresión general, tenían más fuerza que él mismo. Quién que sus dueños -que todas las redes los tienen- iban a sacar la llave del polvorín -su llave-, e iban a censurarlo. ¡Y eso que Donald Trump, el ex, fue uno de los primeros políticos que, como buen populista, utilizó Twitter, Facebook y el Big Data para psico-manejar el voto de los simples y llegar a gestionar a su voluntad un país y un infinito complejo!

Hoy, Twitter se ha convertido en un ‘speaker’s corner’ donde, como en el famoso rincón del Hyde Park londinense, cualquiera puede alzar la voz y decir lo que le parezca, pero, en vez de alzando la cara al cielo, lo hacen bajo el antifaz carnavalesco de los llamados ‘nicknames’ o escudados en los ‘butler digitales’ (muchos, community managers). Y lo que es peor, más allá de un lugar público donde los ciudadanos expresan su opinión, las RRSS son propiedad privada, tienen un accionariado cargado de intereses detrás y, en el caso de Trump, Jack Dorsey, su actual presidente, demostró que el del poder era él, que podía bajar el telón y que un chasquido de sus dedos bastaba para censurar la cuenta del todopoderoso presidente de los Estados Unidos de América, la tierra de las oportunidades, de la democracia, de la libertad.

Dorsey asumió que podía silenciar una cuenta que tenía millones de seguidores y de la que se nutrían infinidad de medios de comunicación, incluso los más tradicionales; personas, entidades que querían saber, que sentían curiosidad, que querían contrastar, confrontar, conocer. Y más allá, el pasado 8 de enero, en Forbes, los portavoces de la red social aseguraron que “estarían monitoreando otras cuentas del Gobierno o cualquier intento de regreso de Trump para impedirlo”.

De propietarios a jueces

“¡No nos silenciarán!”, exclamaba Trump en la cuenta oficial del presidente de Estados Unidos @POTUS, después de que Twitter le revocara el acceso a su cuenta personal @realDonaldTrump. Pero se equivocó. ¿Alguien se imaginaba que algo así podía llegar a suceder? ¿De verdad ha aceptado el mundo con normalidad que se acalle, coarte o castigue a un presidente, un político, un ciudadano como si fuera una tiranía? Igual lo es… incluso aunque el personaje éticamente pudiera merecerlo.

Es hora de preguntarnos, ¿aceptaríamos con la misma naturalidad que superado el chauvinismo americano decidieran abrir las fronteras de su poder y censuraran cuentas de unos u otros políticos según su criterio e ideología personal? Yo, por ejemplo, querría que silenciaran a los extremistas fueran del color que fueran, a los camorristas de los parlamentos, a los agresores de cualquier sensibilidad, a los defraudadores y depredadores, a tantos seres dañinos… Pero, ¿quién soy yo? Ahora bien, ¿quiénes son ellos? Sí, los dueños

Por si alguien no lo sabe, ya lo han hecho. Ayer el diario El País titulaba: 'Twitter cierra la cuenta de Vox por “incitar al odio” contra los musulmanes'. ¿Quién soy yo? Ahora bien ¿quiénes son ellos? Aún cuando éticamente pudieran merecerlo; pero para decidir eso, hay jueces.

Hay que controlar a Hermes

Inevitable comparar Twitter con Hermes, el dios griego de la comunicación, del que se cuenta que era de multiforme ingenio, de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas, músico de día, ladrón de noche. Se creía y se sabía casi omnipotente y lo era ante los pobres mortales. Los dioses del Olimpo lo utilizaban como mensajero cuando requerían elocuencia para lograr el objetivo deseado: ​ “de ahí que las lenguas de los animales sacrificados le fueran ofrecidas”.

Lo cierto es que Twitter y Facebook y algunas otras RRSS son fenómenos de la digitalización SXXI que se han complicado con los años y que de servicios gratuitos con inocentes, divertidos, interesantes o personales mensajes de ‘amigos’ en la distancia pasaron a ser potentes herramientas de marketing y han terminado siendo un terreno ‘desmadrado’ de vomitonas, ofensas y desinformación que ahora se pretende controlar porque se ha ido de las manos.

El pasado 25 de enero Twitter anunció su herramienta 'Birdwatch', un algoritmo con el que pretender controlar la información falsa que se genera en la plataforma y que requiere de la ayuda de los usuarios, que deben denunciar lo que creen o saben mentira; un medio de control que se suma a otros mecánicos o por acuerdo, -como los nunca suficientemente objetivos y trasparentes ‘Newtral’, ‘Maldita’ o tantos otros ‘fast checkers’ que hay en el mundo movidos por intereses mayores o menos- mediante los cuales procuran evitar, desmentir o interpretar lo que es cierto o no, o, más bien, lo que ‘alguien’ entiende que se debe leer o no. ¡Quién dijo jueces!

Ya desde hace años los buscadores de las multinacionales de Internet se programaron para gestionar lo que los ciudadanos del mundo debíamos leer, lo que debíamos comer, qué debíamos comprar, dónde debíamos ir, qué camino coger, qué música escuchar, o a quién admirar. Lo hicieron con fines comerciales, en pro de su bienestar, que no del de los demás; pero han terminado coartando la esencia del ser humano, que reside en la LIBERTAD de pensamiento, la LIBERTAD de acción, gestión y elección. Lo que es peor, a tenor de lo visto y vivido, están haciendo buena la sentencia del ilustrado Voltaire: “Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo”.

Busquemos un segundo de reflexión y planteemosnos si estamos condicionando o arriesgando el futuro de una sociedad que, hoy, ya no busca, encuentra; no decide, asume; no dirime, afrenta; y, sobre todo, que no ejerce su responsabilidad individual porque se tapa boca ojos y oídos y se escuda en cualquier ‘red insocial’.

En Wikipedia sobre Jack Dorsey

- En 2019, Dorsey contribuyó financieramente a las campañas de los candidatos presidenciales demócratas de 2020 Tulsi Gabbard y Andrew Yang.

- En 2020, donó $ 15 millones a 29 alcaldes que persiguen la puesta a prueba de programas de ingresos básicos garantizados en los Estados Unidos. Hasta 2021, Dorsey aplicó excepciones de "líder mundial" que permitían al presidente Donald Trump publicar contenido en Twitter que normalmente se eliminaría o generaría sanciones según las reglas de la plataforma.

- En mayo de 2020, algunos de los tweets de Trump recibieron etiquetas de advertencia, y desde el día de las elecciones en noviembre de 2020, se aplicaron más flaggings a sus tweets.

- El 6 de enero de 2021, después de que los partidarios de Trump irrumpieran en el Capitolio de los Estados Unidos, Twitter aplicó un tiempo de espera de 12 horas a la cuenta de Trump por violar su política de integridad cívica. La cuenta de Trump fue suspendida permanentemente el 8 de enero. El 14 de enero, Dorsey defendió la prohibición de Trump, pero también dijo que "sienta un precedente que considero peligroso".

El 28 de enero, con el inicio de la campaña electoral en Catalauña Twitter censuró la cuenta del partido de extrema derecha español VOX

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