La fiebre de los drones necesita terapia
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La fiebre de los drones necesita terapia

sábado 26 de marzo de 2016, 11:45h

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Se estima que esta Navidad se regalaron un millón de M UAVs (vehículos aéreos no tripulados) o drones, si se prefiere. Y ante este hecho, cabe recordar las palabras de dos populares oradores de los Estados Unidos: de una parte, Will Rogers dijo que "No se puede legislar la inteligencia y el sentido común de las personas"; de otra, George Carlin invitaba a que meditáramos sobre "Cuan estúpidas son las personas por término medio y, a partir de ahí, hay que darse cuenta de que la mitad de ellos están por encima del grado de estupidez estimado”.

La evolución de la industria de las aeronaves de control remoto es tan fascinante que se convocan convenciones una semana tras otra, se publican continuamente artículos profesionales y amateurs, se abren escuelas de formación y las organizaciones profesionales o clubes de aficionados surgen por doquier.
Y es fácil de entender: si has tenido uno en la mano o te has interesado por ellos, no es muy difícil compartir la paranoia de los drones. Unos dicen que son peligrosos, otros que no están suficientemente probados, los más que atentan contra la privacidad, a los menos les impactan sus usos militares… y se puede estar más o menos de acuerdo; pero lo que está claro es que la fiebre del dron necesita una terapia.

Los analistas americanos de CBInsights estiman que el mercado de los drones y su ecosistema supondrá un negocio de 100.000 millones de euros antes de 2025

Los requisitos de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea

De momento, basta con entrar en la página oficial de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea y pulsar sobre el apartado ‘Drones’ que aparece en el lateral derecho, para entender algo de lo que aquí pretendemos compartir.
En la web se puede leer: “El sector de las aeronaves pilotadas por control remoto, los llamados drones o RPAS, ha sido objeto de un gran crecimiento en los últimos meses. Por ello, ha surgido la necesidad de establecer un marco jurídico que permita el desarrollo en condiciones de seguridad de este nuevo sector, tecnológicamente puntero y emergente. Así, se ha establecido una normativa temporal que regula las operaciones con drones e indica el procedimiento para poder realizar actividades aéreas, en función del escenario de operación y el peso de la aeronave. La Agencia Estatal de Seguridad Aérea se encarga de la regulación de operaciones con drones de hasta 150 kg. Para drones por encima de este límite, se ha establecido una normativa a nivel europeo y el organismo encargado de regular estas aeronaves es EASA (European Aviation Safety Agency). En la misma página y pestaña, dentro de ‘preguntas frecuentes’ -que son muchísimas-, encontramos un apartado llamativo:

¿Qué requisitos tiene que cumplir un piloto para poder volar un dron?

Todos los pilotos de drones, indistintamente del tamaño de la aeronave, deberán documentar una serie de requisitos:
En primer lugar, acreditar que posee los conocimientos teóricos necesarios para obtener una licencia de piloto, lo que se puede hacer de tres formas:
• tener o haber tenido (en los últimos 5 años) una licencia de piloto (cualquier licencia, incluyendo la de planeador, globo o ultraligero),
• o bien demostrar de forma fehaciente que disponen de los conocimientos teóricos para obtenerla (por medio certificado de conocimientos teóricos emitido por una organización de formación aprobada por AESA, ATO, o, en el caso de que esos conocimientos correspondan a una licencia de piloto de ultraligero, mediante un certificado individual como APTO tras realizar el correspondiente examen oficial de conocimientos teóricos),
• o si el peso máximo al despegue no es superior a 25 Kg, por medio de un certificado básico o avanzado emitido por una organización de formación aprobada (ATO) tras superar un curso al efecto.
Además, si no tuvieran una licencia de piloto, deben acreditar que tienen más de 18 años. En segundo lugar, presentar un certificado médico, de Clase LAPL (para aeronaves de hasta 25 Kg) o Clase 2 (para las de más de 25 Kg).
Finalmente deberán acreditar que disponen de los conocimientos adecuados de la aeronave que van a pilotar y de su pilotaje, por medio de un documento que puede ser emitido por el operador, por el fabricante de la aeronave o una organización autorizada por éste, o por una organización de formación aprobada.

Multas y problemática

Y esto es ‘peccata minuta’ si lo comparamos con todo lo que la web recoge y que se debe saber, obtener, poseer, acreditar, etc; o con las multas de entre 300 y 21.000 euros que el organismo mencionado puso en España en 2015. No olvidemos que la ignorancia no exime de responsabilidad.
El problema es que el interés que se ha despertado en torno a los drones es similar al que surgió alrededor de las tabletas o los teléfonos inteligentes, de los nuevos relojes o de todo aquello que integra el Internet de las Cosas. De hecho, los analistas americanos de CBInsights estiman que el mercado de los drones y su ecosistema supondrá un negocio de 100.000 millones de euros antes de 2025.
El rápido crecimiento que se percibe no es sólo el de ventas de aparatos en sí mismos, sino el de toda la tecnología que integra, las aplicaciones que los gestionan, las actividades y eventos que se generan y, por supuesto, el almacenamiento de datos asociado a la actividad.
De la mayoría de las empresas que lideran este sector, es probable que nunca se haya oído hablar o que ni nos sonaran hace un par de años: la china DJI, 3D Robotics o Parrot, entre otros. Un grupo de compañías incipientes que parece recibieron en 2014 más de 100 millones de dólares de empresas de capital riesgo y se calcula que, otro tanto, pudieron recibir en 2015.
A su sombra ha surgido inmediatamente el mercado de las copias baratas, con el mismo modelo de negocio, que ofrece producto sin calidad a precios accesibles (entre los 50 y los 200 euros) y el de las aplicaciones, que, mЗs allЗ del ‘juguete’ al que se asocien, en sí mismo, funcionan bastante bien.

Conflicto de intereses

Y es cierto que si la distribución y la paquetería son los principales sectores en que los drones han encontrado hueco para desarrollarse, la fotografía y el cine no se quedan atrás. Sin embargo, también se utilizan en seguridad, agricultura, en la lucha contra incendios, en la valoración de desastes, en rescates, cartografía, investigación, inspección, educación, en el sector inmobiliario, monitorización, conservación, gestión y, sobre todo, entretenimiento -al parecer, cada especialista en cada sector asegura que el suyo es el más interesante-.
Los drones se usan, cada vez más, en la televisión y el cine, en la cobertura de noticias de alcance (desastres, crímenes) o en eventos deportivos en busca de nuevos ángulos de visión y esto ha provocado un conflicto de intereses en algunos países.
En los Estados Unidos, un grupo de medios y periodistas contempla acogerse a la Primera Enmienda de la Constitución para frenar el desarrollo de reglas claras sobre seguridad y privacidad, con respecto al uso de estos vehículos tripulados. En concreto, lo que ha dicho la NMC (Nueva Coalición de los Medios de Comunicación) es que privacidad, burocracia y lógica tecnología chocan con la libertad de expresión. De otra parte, existen organizaciones profesionales que colaboran con la industria en sentido contrario.
La NAB (Asociación Nacional de Radiodifusión Americana), el IBC (Convención Internacional de cadenas de televisión) además de organismos nacionales, regionales y locales están procurando asegurar a aquellos productores que utilizan los drones con fines responsables, que puedan captar las imágenes deseadas; aunque éstos se encuentran a menudo con el problema del entorpecimiento en el desarrollo de su trabajo que les generaron pilotos aficionados.
Por su parte, Australia, Gran Bretaña, Francia y Suecia permiten el uso de drones con fines comerciales mediante un permiso gubernamental y la Comisión Europea está trabajando en el desarrollo de un reglamento, en el mismo sentido, que facilite el uso de estas naves a través del continente.
Con la esperanza de que no se estipulen requisitos excesivamente restrictivos o carentes de lógica, los minoristas y las organizaciones de usuarios están presentando sus propuestas a los diferentes estamentos, en los diferentes países. Sin embargo, el mayor problema reside en que los aviones no tripulados parecen estar en manos no sólo de profesionales o de aficionados sino de alborotadores, bromistas o en el peor de los casos, terroristas y se teme que la irresponsabilidad pueda llegar a ser peligrosa. De ahí que muchos apuesten por la introducción de limitaciones en el mismo software… pero nadie puede asegurar que no sea hackeado.
El juguete, ese que abre los ojos de pequeños y mayores, no es tan fácil de usar como parece y, si queremos evitar problemas, más vale que aprendamos bien las reglas y mantengamos papeles y equipos en ídem.
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