El Sistema de Posicionamiento Global (GPS) permite determinar la ubicación exacta de un objeto en cualquier punto del planeta, normalmente con un margen de error de apenas unos metros, gracias a la información que envían satélites en órbita. Aunque se trata de un sistema de origen estadounidense, su uso se ha universalizado hasta convertirse en una infraestructura invisible pero imprescindible, clave para servicios como Google Maps y para sectores tan diversos como el transporte, la industria, la logística o las emergencias.
Para que esa tecnología fuera posible, fue necesario el trabajo de ingenieros, físicos y matemáticos que sentaron las bases científicas del sistema. Entre ellos destaca Gladys West, una matemática estadounidense que desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de los modelos de geodesia satelital, imprescindibles para calcular con precisión la forma de la Tierra y las trayectorias de los satélites.
West nació en 1930 y se formó en matemáticas en la Universidad Estatal de Virginia. Posteriormente, desarrolló su carrera en la base naval de Dahlgren, donde participó en algunos de los proyectos más avanzados de su época. Allí realizó contribuciones clave al desarrollo temprano del GPS y dirigió el proyecto de altimetría por radar del satélite Seasat, centrado en la observación de los océanos.
A lo largo de su trayectoria, trabajó con grandes ordenadores y sistemas de procesamiento de datos en una época en la que la informática estaba aún dando sus primeros pasos. Analizó grandes volúmenes de datos procedentes de satélites y ayudó a transformar esa información en modelos matemáticos precisos. En 1986 publicó una guía ilustrada titulada Especificaciones del sistema de procesamiento de datos para el altímetro radar satelital Geosat, un documento técnico que se convirtió en referencia dentro del sector.
Durante años, su contribución permaneció en un segundo plano. No obstante, su papel en la historia del GPS salió a la luz gracias a una biografía que la propia West preparó para una ceremonia de exalumnos de su universidad y que fue recuperada por la hermandad Alfa Kappa Alfa, a la que pertenecía. Desde entonces, su figura comenzó a recibir el reconocimiento que durante décadas había pasado desapercibido.
Gladys West falleció el sábado 17 de enero, dejando tras de sí un legado que acompaña a millones de personas cada día, incluso cuando no son conscientes de ello. Cada vez que alguien sigue una ruta en su móvil, encuentra una dirección desconocida o se orienta en una ciudad nueva, hay un poco del trabajo silencioso de esta matemática pionera. Un legado que demuestra que la libertad de movimiento que hoy damos por sentada es, en realidad, el resultado de una extraordinaria historia de ciencia, paciencia y precisión.