La carrera por la inteligencia artificial ha entrado en una fase de inversión masiva que redefine la escala del desarrollo tecnológico global.
Meta, Microsoft, Amazon y Alphabet prevén destinar en 2026 hasta 670.000 millones de dólares a infraestructuras vinculadas a la IA, una cifra que, medida como porcentaje del producto interior bruto de Estados Unidos, supera algunos de los mayores proyectos de inversión de la historia del país, incluido el programa Apolo que llevó al ser humano a la Luna.
El esfuerzo financiero que estas compañías han puesto sobre la mesa sitúa a la inteligencia artificial como la mayor apuesta tecnológica de las últimas décadas. Según datos recogidos por The Wall Street Journal, el volumen de inversión proyectado para este año solo queda por debajo de la Compra de Luisiana de 1803, una operación que duplicó el territorio estadounidense y supuso en su momento un gasto equivalente al 3% del PIB.
La inversión agregada en IA de las cuatro grandes tecnológicas alcanzará alrededor del 2,1% del PIB, por encima de la expansión ferroviaria del siglo XIX y del despliegue del sistema de autopistas interestatales.
Centros de datos y capacidad de cómputo, el eje del gasto
El grueso de este desembolso se concentra en la construcción y ampliación de centros de datos, así como en la adquisición de hardware especializado para entrenamiento y ejecución de modelos de inteligencia artificial. El crecimiento de los modelos generativos y de los sistemas de IA de propósito general ha disparado la demanda de potencia de cálculo y de infraestructuras energéticas capaces de sostenerla.
Meta prevé destinar en torno a 135.000 millones de dólares a inversión de capital en 2026, una cifra que podría superar por primera vez el 50 % de sus ingresos anuales. Microsoft proyecta un gasto cercano a los 150.000 millones, mientras que Amazon lidera la tabla con una previsión de hasta 200.000 millones de dólares. Alphabet, por su parte, apunta a una inversión próxima a los 185.000 millones, con un fuerte foco en el refuerzo de su red global de centros de datos.
Este incremento sostenido del gasto de capital refleja un cambio estructural en el modelo de negocio de las grandes tecnológicas. La IA ha pasado de ser una línea de producto a convertirse en la base sobre la que se apoyan servicios en la nube, plataformas publicitarias, asistentes digitales y herramientas empresariales.
Un esfuerzo histórico medido en porcentaje del PIB
La comparación histórica subraya la magnitud del fenómeno. El programa Apolo, desarrollado entre 1960 y 1973, supuso un gasto medio anual equivalente al 0,2% del PIB estadounidense. El sistema de autopistas interestatales, uno de los mayores proyectos de infraestructura civil del siglo XX, alcanzó alrededor del 0,4 %. La expansión del ferrocarril en el siglo XIX llegó al 2% en su momento álgido. La inversión prevista en IA para 2026 se sitúa por encima de todas ellas, salvo la citada Compra de Luisiana.
Este paralelismo histórico pone de relieve que la inteligencia artificial ocupa hoy un lugar estratégico similar al que en su día tuvieron la exploración espacial de la Luna o las grandes infraestructuras de transporte. La diferencia radica en que, en este caso, el impulso procede de empresas privadas y se financia con ingresos derivados de publicidad, servicios en la nube y suscripciones.