El estudio, elaborado a partir de una encuesta a más de 2.000 alumnos, docentes y directivos, confirma una paradoja estructural: mientras el mercado demanda perfiles tecnológicos, el interés por estas disciplinas se diluye antes de llegar a la universidad.
Uno de los datos más reveladores es que la dificultad académica ya no es el principal freno. El 56% de los estudiantes que descarta estudios STEM lo hace por indecisión o desconocimiento de las salidas profesionales, no porque se sientan incapaces. La barrera ha dejado de ser “no puedo” para convertirse en “no sé para qué”.
Las matemáticas, pilar esencial de estas disciplinas, reflejan esta tensión. Aunque su percepción mejora en Primaria, en Secundaria el 72% del alumnado reconoce dificultades para comprenderlas, en un contexto donde la formación específica del profesorado sigue siendo limitada. Apenas el 2,2% de los titulados en Educación completa especialidades STEM, y el 87% del profesorado encuestado no tuvo opción de cursar formación técnica avanzada.
El desajuste no termina en el aula. Menos del 20% de las matrículas universitarias corresponden a carreras STEM, y en Formación Profesional solo el 22% se orienta a especialidades TIC. Mientras tanto, el empleo en ocupaciones tecnológicas representa el 8,18% del total nacional y apenas el 1,9% de la contratación registrada en 2025.
La desconexión también se percibe en la universidad: el 64% de los estudiantes considera que sus estudios no se adaptan al mercado laboral, señalando un exceso de teoría y falta de aplicación práctica.
A ello se suma la brecha de género. Aunque las mujeres representan el 30,7% de los graduados en STEM, solo el 3,2% de las mujeres ocupadas trabaja en estas especialidades, lo que evidencia una pérdida de talento en la transición al empleo.
Durante la jornada de presentación se abordó también el impacto de la inteligencia artificial en la educación. Los expertos coincidieron en que el debate no debe centrarse en si usar o no pantallas, sino en cómo integrar la tecnología con criterio pedagógico. La IA, lejos de sustituir al docente, exige una actualización profunda del currículo y una formación continua del profesorado.
Además, se subrayó la necesidad de conectar escuela y empresa desde etapas tempranas. Las visitas a compañías y el contacto con proyectos reales, identificadas como la acción más valorada por el alumnado, siguen sin estar plenamente integradas en la práctica educativa habitual.
Si algo queda claro es que España afronta un doble desafío: reducir la brecha entre formación y mercado laboral y reforzar la orientación temprana para evitar la fuga de talento tecnológico. Con más de tres ofertas de empleo por cada profesional digital disponible y el objetivo europeo de duplicar el peso del empleo TIC en 2030, el margen de maniobra es limitado.