La creciente amenaza sobre los cables submarinos, infraestructura crítica para las comunicaciones globales, ha acelerado la cooperación entre Japón y la Unión Europea.
En este sentido, ambos bloques han iniciado conversaciones para reforzar la protección, el despliegue y el mantenimiento de estas redes, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas y un aumento de incidentes que afectan a su integridad.
El acuerdo, que se prevé formalizar en el próximo Consejo de Asociación Digital entre la UE y Japón, incluirá el desarrollo conjunto de tecnologías para la detección temprana de daños, así como el estudio de nuevas rutas que reduzcan la exposición a zonas de riesgo. En este sentido, la iniciativa contempla la creación de un corredor que conecte Europa y Japón a través del Ártico y América del Norte.
Una infraestructura crítica para la economía digital
Los cables submarinos constituyen la columna vertebral de la conectividad global. Según estimaciones del sector, existen alrededor de 500 sistemas desplegados en todo el mundo, con una extensión total cercana a 1,5 millones de kilómetros. A través de ellos circula aproximadamente el 99% del tráfico internacional, incluyendo comunicaciones telefónicas, datos de internet, transacciones financieras y enlaces estratégicos de carácter militar.
Esta dependencia convierte a los cables en un activo crítico tanto para la economía digital como para la seguridad nacional. En consecuencia, su protección se ha situado en el centro de las políticas tecnológicas y de defensa de las principales economías.
Ambas partes trabajarán en sistemas capaces de detectar cortes, daños o actividades sospechosas
El plan conjunto entre Japón y la UE pone el foco en la prevención y respuesta ante incidentes. Ambas partes trabajarán en sistemas capaces de detectar cortes, daños o actividades sospechosas, como la presencia de embarcaciones en zonas sensibles. El objetivo consiste en mejorar la capacidad de reacción ante posibles sabotajes o accidentes que comprometan la continuidad del servicio.
Esta cooperación responde a un incremento de incidentes registrados en los últimos años. Desde 2022, tras el inicio del conflicto en Ucrania, se han documentado daños en cables en el mar Báltico. Asimismo, en 2025 se registró la interrupción de una conexión entre Letonia y Suecia. En paralelo, autoridades taiwanesas detuvieron a un capitán chino por su presunta implicación en el corte de cables, además de detectar equipos de interceptación de datos. Estos episodios han reforzado la percepción de que los cables submarinos son objetivos estratégicos en escenarios de tensión internacional, dado su impacto potencial sobre las comunicaciones y la actividad económica.
Nueva ruta ártica para reducir riesgos
Uno de los ejes centrales del acuerdo es el análisis de una nueva ruta que conecte Japón y Europa a través del Ártico, evitando zonas cercanas a Rusia
Uno de los ejes centrales del acuerdo es el análisis de una nueva ruta que conecte Japón y Europa a través del Ártico, evitando zonas cercanas a Rusia. Esta alternativa permitiría diversificar la red global y reducir la dependencia de corredores tradicionales, como el canal de Suez, que concentra gran parte del tráfico digital entre Asia y Europa.
Además de mejorar la resiliencia, esta infraestructura podría incrementar la velocidad de transmisión de datos. Las estimaciones apuntan a una mejora de hasta el 30% en la latencia de las comunicaciones entre ambos continentes. No obstante, el desarrollo de este tipo de proyectos tiene grandes desafíos técnicos y económicos debido a las condiciones extremas del Ártico, junto con la complejidad de coordinar múltiples actores públicos y privados, han retrasado iniciativas similares durante las últimas décadas.
Tanto Japón como Europa cuentan con un posicionamiento destacado en el mercado de cables submarinos. La compañía francesa Alcatel Submarine Networks lidera el sector con una cuota cercana al 40%, mientras que la japonesa NEC representa aproximadamente el 20% del mercado global. Este liderazgo industrial facilita la cooperación tecnológica y refuerza la capacidad de ambos bloques para desarrollar soluciones avanzadas en un ámbito considerado estratégico.