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Por Gabriela Galdón López-Quesada
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sábado 08 de mayo de 2021, 09:00h

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Data Pro Quo es la primera máquina vending que vende productos a cambio de datos. La máquina ha sido desarrollada por el grupo publicitario Shackleton. Con esta nueva tecnología se puede comprar un smoothie con el email, un snack respondiendo a dos preguntas o incluso unos airpods completando un cuestionario.

Para la creación de Data Pro Quo, Shackleton ha colaborado con el equipo de Innovación de Accenture Interactive, así como con el Taller Kenai para la construcción de las máquinas y Evoca Group. Concebida para entornos business to business, su objetivo va más allá de hacer material el nuevo paradigma de los negocios y captar datos reales. Data Pro Quo ya está instalada y funcionando en el Digital Hub de Accenture en Madrid.

Cómo funciona

Para utilizar la nueva máquina vending el proceso es el mismo que con cualquier otra máquina vending. El usuario elige el artículo que quiere comprar, pero cuando se dirige al display de pago en vez de encontrarse con una ranura en la que insertar efectivo o un TPV para tarjeta, se encuentra con una pantalla en la que tiene que responder a una serie de preguntas sencillas, pensadas para que los datos obtenidos sean útiles y accionables.

Además, se ha diseñado una interfaz para ofrecer una experiencia de usuario fluida. Aparte de su email, la primera secuencia de respuestas incluye el rol profesional del usuario que tendrá que responder a preguntas diferentes según sea CEO, CMO, CIO, CTO, o CFO, entre otros.

“Está bien hablar de innovación y del valor de los datos, pero Data Pro Quo es, una vez más, comunicar con hechos”

Las preguntas pueden ser desde elegir los tres principales retos que enfrentará en los próximos meses, hasta revelar en qué medida cree que su compañía los afrontará con la ayuda de terceros. El CEO de Shackleton ha apuntado que “está bien hablar de innovación y del valor de los datos, pero Data Pro Quo es, una vez más, comunicar con hechos”.

Por otro lado, Carmen López Muñoz, Managing director de Accenture Interactive ha explicado que “la experiencia es el nuevo campo de juego en el que se necesita diseño y creatividad, pero también estrategia de negocio, tecnología y datos. El uso de estos últimos en la toma de decisiones es fundamental. Por ello, hay que ir hacia un modelo cada vez más inteligente, tanto de operaciones como de procesos”.

Todos los datos tramitados en la aplicación se almacenan de forma segura y con acceso restringido en el servidor

Data Pro Quo ofrece 55 productos diferentes (32 alimentos y bebidas y 13 referencias de papelería de diseño y 10 ítems de electrónica) que se distribuyen en tres categorías de precio (A, B y C) que incorporan diferentes preguntas. Es decir, los productos de la categoría A requieren responder a las preguntas A, y así sucesivamente. Todos los datos tramitados en la aplicación se almacenan de forma segura y con acceso restringido en el servidor.

El reto técnico del proyecto

Llevar a cabo este proyecto no ha sido tarea fácil. Para su desarrollo los creadores han tenido que plantear toda la interfaz de comunicación con el usuario a través de la pantalla táctil, con el sistema de preguntas y respuestas y la valoración de estas.

Se ha asignado a la máquina un servidor interno sincronizado para almacenar la data obtenida, personalizar las preguntas, renovar el catálogo de productos y realizar una operativa flexible en cualquier contexto. Para este interfaz frontal se ha trabajado con estándares abiertos y una base de datos gestionada por un CMS para poder personalizar los contenidos sin necesidad de programación. Todo ello, con una capa de comunicación HTTP que envía las órdenes al elemento de control que se describe más adelante.

Otro reto para la creación de Data Pro Quo ha sido el de "hackear" la máquina para así tener el control externo de la electrónica y la mecánica para hacerla trabajar bajo unas premisas para la que no ha sido fabricada. Esto ha sido posible utilizando procesos de ingeniería inversa, simulando la introducción de datos a través de un circuito hardware externo, el teclado matricial de la máquina recibe las instrucciones del precio logrado con las respuestas y el producto al que se quiere acceder, operando con la máquina de vending como si de una persona introduciendo datos en el teclado alfanumérico se tratase. Para su funcionamiento se ha aislado eléctricamente el circuito "hacker" de la placa base de la máquina a través de optoacopladores para evitar bucles de masa y errores en la comunicación entre los dos elementos.

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