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sábado 17 de marzo de 2018, 11:45h

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Paul Jacobs ha sido relevado de su puesto como actual director de Qualcomm como resultado de la decisión tomada por la junta tras conocer las intenciones del directivo de buscar inversores para comprar la compañía.

Un nuevo giro en los acontecimientos deja entrever que la saga Qualcomm-Broadcom se encuentra lejos del fin que informamos días atrás. No obstante, hoy el foco está puesto en un nuevo protagonista: Paul Jacobs.

La Junta Directiva de Qualcomm ha anunciado que el director Paul Jacobs, hijo del co-fundador Irwin Jacobs y antiguo CEO de la compañía, no será reelegido a su cargo.

La Junta Directiva de Qualcomm ha anunciado en un reciente comunicado que el director Paul Jacobs, hijo del co-fundador Irwin Jacobs y antiguo CEO de la compañía, no será reelegido a su cargo en la Junta durante la reunión general de accionistas que se celebrará el próximo 23 de marzo.

“La Junta ha tomado esta decisión siguiendo su aviso de que había decidido explorar la posibilidad de hacer una propuesta para adquirir Qualcomm”, expresó la compañía en el comunicado de este pasado viernes.

Jacobs fue relevado de su puesto la semana pasada, después de que el fabricante de chips estadounidense recibiera una agresiva oferta de compra de Broadcom por valor de 117.000 millones de dólares. Esta operación fue bloqueada por el presidente Trump como supuesta medida preventiva para garantizar la seguridad nacional y concluyó con el abandono definitivo de la oferta de adquisición por parte de la firma singapurense.

“Tras la retirada de la oferta de adquisición de Broadcom, Qualcomm quiere centrarse en ejecutar su plan de negocios y maximizar el valor para los accionistas como una empresa independiente”.

Qualcomm comentaba el viernes que “tras la retirada de la oferta de adquisición de Broadcom, Qualcomm quiere centrarse en su plan de negocios y maximizar el valor la compañía para los accionistas, como una empresa independiente”. Además, “no puede haber garantías de que el Dr. Jacobs pueda o vaya a hacer una propuesta, pero, si lo hace, la Junta lo evaluará, por supuesto, de acuerdo con sus deberes fiduciarios para los accionistas”.

Por su lado, Jacobs declaraba “me alegro de que la Junta esté dispuesta a evaluar mi propuesta”; si bien también expresaba su descontento y añadía, “es desafortunado y decepcionante que estén intentando eliminarme de la Junta”. Asimismo, el ex-presidente ejecutivo manifestaba que Qualcomm disponía de claras oportunidades para acelerar su desarrollo en innovación tecnológica y fortalecer su posición en el mercado global, aunque siempre y cuando explorara la opción privada.

Estas oportunidades son desafiantes como una empresa pública independiente y hay claros méritos para explorar un camino para privatizar la empresa a fin de maximizar el rendimiento a largo plazo de la empresa, ofrecer un valor superior a todos los accionistas y reforzar un contribuyente crítico a la tecnología estadounidense.

El plan de adquisición de Jacobs

La pasada semana, el ex-presidente ejecutivo anunciaba abiertamente su búsqueda de inversores para comprar Qualcomm. Entre las opciones se incluye el SoftBank, con el que Jacobs presenta lazos personales que permitirían facilitar el trato, según informaba el Financial Times. No obstante, existen una serie de complicaciones: no solo Qualcomm es inversor en Vision Fund, sino que también es uno de los principales clientes de ARM, la empresa de tecnología de chips propiedad de SoftBank.

Entre los inversores se incluye el SoftBank, con el Jacobs presenta lazos personales que permitirían facilitar el trato. No obstante, se existen una serie de complicaciones.

Además, la idea podría llamar la atención del Comité de Inversión Extranjera en los Estados Unidos, encargada de investigar la propuesta de Broadcom y determinar que, en efecto, la adquisición suponía una amenaza para la seguridad nacional.

Actualmente, Jacobs posee menos de un 0.5% de participación en Qualcomm, de acuerdo con datos recopilados por Bloomberg, por lo que recaudar los fondos necesarios para completar una compra con un valor superior a 100.000 millones de dólares supondría todo un desafío, sumado a la posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos restringiese la operación como lo hizo con Broadcom.

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