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Marc Murtra, presidente de Telefónica, durante el encuentro con los medios
Marc Murtra, presidente de Telefónica, durante el encuentro con los medios (Foto: Alfonso de Castañeda)

Un año de Marc Murtra al frente de Telefónica: poder, recortes y una teleco en repliegue

Por Alfonso de Castañeda
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alfondcctelycom4com/8/8/17
domingo 18 de enero de 2026, 09:00h
Última actualización: viernes 02 de enero de 2026, 11:01h

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Este 18 de enero se cumple exactamente un año desde que Marc Murtra asumiese la presidencia de Telefónica. Doce meses después, el operador ha cambiado de rumbo, de discurso y de prioridades, en un mandato marcado por la política, los ajustes internos y una estrategia centrada más en reducir que en crecer.

Marc Murtra cumple hoy su primer año como presidente de Telefónica. No es una efeméride menor en una compañía acostumbrada a largos mandatos y a transiciones pausadas. Su llegada, abrupta, impuesta por La Moncloa y comunicada en un sábado de enero, puso fin a casi una década de José María Álvarez-Pallete al frente de la teleco y confirmó algo que en el sector siempre se ha asumido con resignación: Telefónica sigue siendo una empresa estratégica en la que la política es un agente activo.

El relevo se produjo tras la entrada del Estado en el capital, con la SEPI tomando un 10% de las acciones para frenar el avance de STC en el accionariado. Ese movimiento abrió la puerta a una decisión de calado: cambiar al presidente. Con el respaldo tácito de los grandes accionistas, Marc Murtra pasó de presidir Indra a dirigir una de las compañías más complejas del Ibex 35. Desde entonces, su gestión ha estado condicionada por esa realidad accionarial y por una consigna clara: simplificar, recortar y recentrar el grupo.

Disciplina, organigrama y política

El primer año de Murtra no se ha caracterizado por grandes anuncios tecnológicos ni por una visión industrial rompedoramente nueva. Su impronta es organizativa y financiera. Tras un estreno público discreto en el MWC Barcelona 2024 y en la presentación de los resultados de 2024, un ejercicio heredado, el presidente inició una remodelación progresiva de la cúpula que ha ido ganando intensidad con el paso de los meses.

El ascenso de Emilio Gayo a consejero delegado marcó una apuesta por perfiles internos y por reforzar el mercado español. A ello se sumó el relevo en la dirección financiera, con la salida de la histórica Laura Abasolo y la llegada de Juan Azcue, un ejecutivo con un perfil mucho más orientado al control de costes y a la disciplina financiera. También se produjeron cambios en Telefónica Tech, Infraestructuras y en varias filiales internacionales, incluida España, además de la incorporación de directivos procedentes de Indra y del sector financiero.

Sin embargo, la política no ha desaparecido del perímetro de decisión. Al contrario. Durante este primer año se han producido nombramientos y movimientos en consejos y áreas clave protagonizados por perfiles con escasa trayectoria en telecomunicaciones pero con fuertes vínculos institucionales. El peso de Javier de Paz en Movistar+, la entrada del exdiputado del PNV, Andoni Ortuzar, en el consejo de la plataforma audiovisual o la presencia de figuras con pasado político han reforzado una sensación incómoda dentro y fuera de la compañía: Telefónica sigue siendo un tablero donde se cruzan intereses empresariales y equilibrios de poder.

Transform & Grow: el plan de los recortes

El principal hito estratégico del año ha sido la presentación del plan Transform & Grow para el periodo 2026-2030. El documento fija una hoja de ruta clara: menos países, menos complejidad y más foco financiero. Telefónica concentra su apuesta en España, Alemania, Reino Unido y Brasil, mientras acelera su salida de América Latina, un proceso que ya ha incluido la venta de varias filiales y negociaciones abiertas en mercados como México, Chile y Venezuela.

En el plano económico, el plan fija objetivos de crecimiento moderado y un ambicioso programa de eficiencia. Hasta 3.000 millones de euros en ahorros en 2030 y una política de disciplina financiera orientada a proteger el grado de inversión. En ese contexto, la compañía ha confirmado la reducción del dividendo a partir de 2026 y puso sobre la mesa un nuevo expediente de regulación de empleo que afectará a un mínimo de 4.525 trabajadores.

El ERE, negociado con los sindicatos, resume bien el enfoque del primer año de Murtra: ajustes estructurales, decisiones impopulares y un discurso centrado en la sostenibilidad financiera más que en la expansión del negocio. El proceso ha generado fricciones políticas, especialmente dentro del Gobierno de coalición, y ha vuelto a situar a Telefónica en el centro del debate sobre el impacto social de la digitalización.

Bolsa, contenidos y un valor que no despega

En los mercados, el balance del primer año es tibio. La acción de Telefónica ha seguido una trayectoria irregular, penalizada por la reducción del dividendo, la incertidumbre estratégica y un contexto sectorial adverso. Los inversores han valorado positivamente la disciplina financiera, pero siguen esperando señales claras de crecimiento sostenible.

En paralelo, Movistar+ se ha convertido en uno de los frentes estratégicos más visibles. La plataforma de televisión de pago ha experimentado una profunda renovación de su consejo y de su equipo directivo, con el objetivo de reforzar la producción propia y ganar peso en el ecosistema audiovisual. No obstante, el viraje hacia los contenidos también ha estado acompañado de decisiones controvertidas y de un marcado perfil político en algunos nombramientos.

Lo que queda por resolver

Un año después, Marc Murtra ha cumplido con el encargo implícito de los accionistas: ordenar la casa y tomar decisiones difíciles, especialmente las relativas al dividendo y al ERE. Sin embargo, quedan abiertas varias incógnitas. La principal es si esta estrategia de repliegue y ajuste será suficiente para devolver a Telefónica a una senda de crecimiento real y de creación de valor en bolsa.

Además, el debate sobre una posible operación de consolidación en España, con Vodafone España como principal candidato, sigue latente, condicionado por el escenario regulatorio y por los movimientos de MasOrange. A ello se suma la necesidad de reforzar áreas como la ciberseguridad y los servicios digitales avanzados, llamadas a ser pilares del grupo en los próximos años.

El primer año de Marc Murtra en Telefónica deja una fotografía clara: menos épica, más control; menos expansión, más recorte. El segundo año será decisivo. No tanto por las decisiones que se anuncien, sino por si los números, la acción y el negocio empiezan, por fin, a acompañar.

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