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Ni Custer ni el fútbol hubieran evitado el ERE de Vodafone, los problemas son otros
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Ni Custer ni el fútbol hubieran evitado el ERE de Vodafone, los problemas son otros

viernes 11 de enero de 2019, 21:11h

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Leo desde el otro lado del Atlántico, mientras cubro el CES de Las Vegas, que se ha hecho público el esperado y nunca abiertamente confirmado ERE de Vodafone. El trabajador, como el ciudadano, siempre paga; pero no puedo evitar sorprenderme con los análisis tan frívolos que leo en algunos medios digitales. ¿De verdad alguien puede creer que, porque una empresa no haya pagado los desorbitados derechos de emisión del fútbol, a los seis u ocho meses de esa decisión tiene que despedir al 25% de su plantilla?

Antes de realizar afirmaciones semejantes, de banalidad sublime, quien así opina debería pararse dos minutos a analizar el mercado del fútbol en España y plantearse por qué no se puede explotar esa burbuja, qué empresas se ven comprometidas sin remedio y a quién le interesa que se escriba simpleza semejante; empezando por el ingenioso panfleto sindical que se ha aireado y que, si es digno de felicitar por la aspiración literaria de su autor, resulta de extravagante bajeza. Entre otras cosas, porque los sindicatos empresariales no deberían hablar de morir con las botas puestas, sino de calzarse las botas y luchar porque las cosas se hagan bien en todo momento para evitar que los puestos laborales peligren.

Si Custer se equivocó…

Por tanto, si Custer se equivocó, murió de soberbia y arrastró a los suyos al suicidio (según un escrito sindical de Vodafone), no menos culpa tuvieron sus lugartenientes o todo aquel que con cualquier mínima responsabilidad lo acompañó en su, hasta ese momento, glorioso y heroico camino (si es que la invasión de los territorios indígenas lo fue) y no le supieron aconsejar y advertir con sabiduría para evitar el desastre. De entrada, una compañía no es el ejército, existe un consejo, la conforma un equipo con voz y si la dirección es responsable de los resultados financieros, sindicatos y comité de empresa tienen obligaciones más allá de buscar cómodos, realizar críticas, añadir exigencias imposibles y dedicarse al ‘dolce far niente’ mientras ven las huestes de trabajadores caminar hacia el abismo.

Más allá del perjuicio que soporten otras compañías al no haber desembolsado Vodafone su parte alícuota del pastel del fútbol, seguramente, incluso, para evitar más despidos de los numerosísimos que va a haber, habría que bucear en el actual mercado de las telecomunicaciones en España, en la situación y la estrategia de cada una de los cuatro operadores

Dicho lo cual, y más allá del perjuicio que soporten otras compañías al no haber desembolsado Vodafone su parte alícuota del pastel del fútbol, seguramente, incluso, para evitar más despidos de los numerosísimos que va a haber (los 1.200 podían haberse convertido en 2.500) habría que bucear en el actual mercado de las telecomunicaciones en España, en la situación y la estrategia de cada una de las cuatro -que no tres como he leído reiteradamente- marcas pujantes (Movistar, Vodafone, Orange y Yoigo), tener en cuenta que Telefónica es una empresa española cuyos intereses, decisiones, deuda e imparables jubilaciones anticipadas se gestionan aquí o que MásMóvil debe su razón de ser a un fondo de inversión; mientras Vodafone y Orange ‘tienen padre’ que decide si está contento o no, a quién le da la paga, si lo castiga, lo premia o lo echa de casa si le supone una carga.

Más allá de España

El debate no es sólo nacional, aunque a nosotros nos duelan los nuestros: nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros compañeros, nuestros familiares, nuestros compatriotas, el problema tiene carácter internacional y en cualquier foro de relevancia se discute sobre el papel de las telco en el panorama actual; e incluso se pide y se aconseja que el zapatero se dedique a sus zapatos y se afirma que no es otro su menester que dar cobertura, proporcionar la mejor capacidad de red y que cobren por ello lo que consideren en base a la calidad de su producto. Hablar de fútbol y no de ‘Enola OTT’ bombardeando la economía local, regional y mundial con su pujanza, su capacidad para surfear la alegalidad, su aprovechamiento de la ignorancia digital generalizada y su diaria evasión de impuestos es mezquino.

Hablar de fútbol y no de la guerra encarnizada entre compañías y de la consiguiente perdida de valor es ciego e interesado

Hablar de fútbol y no de la guerra encarnizada entre compañías y de la consiguiente perdida de valor de casi todas ellas cuando hasta hace unos meses se trabajaba con aparente ‘fair play’ (que nunca debe interpretarse como pacto colusorio) es ciego; porque hoy no se piensa en el sector, en el desarrollo y mucho menos en el país o en el futuro de la sociedad, sino en arrastrar cadáveres a la zanja de los resultados inmediatos.

Hablar de fútbol y no de la lentitud e incapacidad para legislar y afrontar los retos de los sucesivos y efímeros gobiernos; de la paralizante regulación europea y nacional o de las imparables decisiones fruto de la iluminación súbita frente al pánico digital es cobarde.

Y, por último, hablar de fútbol cuando se vive el ‘impase’ de un cambio de era, de generación celular, de necesidades del consumidor y en definitiva de la humanidad tal y como la conocemos hoy es de una extremada estupidez.

Defender nuestros derechos, como humanos

¿Vodafone se ha equivocado? Seguramente -sería imposible en este momento intentar defender lo contrario-, su padre la ha castigado, sus hijos están cabreados y sus clientes más que mosqueados por la nunca bien encauzada atención con las consiguientes torturantes llamadas que reciben, día a día, para ofrecerles lo que ya tienen (no hace ni dos horas he colgado a la de hoy, que no ha dudado en despertarme en Las Vegas, en hablarme de tú aun habiéndole pedido lo contrario, en cachondearse de mis preguntas con los aplausos de sus compañeros de central de fondo, en asegurarme que tenía un listado en el que figuraba que mi teléfono pertenecía a otra compañía, en hablarme de forma grosera sin escuchar y en dejar a colombianos y latinos como unos maleducados intolerables, cuando eso no es verdad). Pero en ningún caso se puede adjudicar el daño a la insoportable locura del fútbol español; muy al contrario, si los pagadores de cualquier compañía nos paráramos un minuto a reflexionar, aplaudiríamos sin parar la decisión de Coimbra y pediríamos algún bis -y lo dice una amante del deporte rey-.

No se puede cerrar el alegato sin recordar que no son los empleados de Vodafone los únicos que sufren todo lo anteriormente relatado. En el resto de las compañías se prejubila a trabajadores con chupete, se aprovechan fusiones para rejuvenecer la fuerza de trabajo y abaratar costes o se desembarca como en Normandía arrasando lo que ya había.

No se puede cerrar el alegato sin recordar que no son los empleados de Vodafone los únicos que sufren todo lo anteriormente relatado. En el resto de las compañías se prejubila a trabajadores con chupete, se aprovechan fusiones para rejuvenecer la fuerza de trabajo y abaratar costes o se desembarca como en Normandía arrasando lo que ya había. La economía liberal no la diseñaron las Hermanitas de la caridad, ni el capitalismo exacerbado lo ha liderado el Padre Ángel; los trabajadores, los ciudadanos e incluso en general, los seres humanos deberían dejar las redes sociales, pensar por una vez por si mismos, poner el alma en pie y luchar por sus derechos y sus libertades frente al empresario, los malos gobiernos, los políticos ignorantes, los países digitalmente invasores (sea cual sea su localización geográfica), las ciberguerras, las ‘fake news’, la manipulación y los algoritmos mal empleados. De otra forma, los fondos de inversión, quienes consideran que los humanos somos recursos y los señores del marketing nos ganarán por goleada.

¿El fútbol? Objetivamente es un juego o un deporte que mueve dinero y alimenta las corruptelas. ¿El general Custer? Pasó a la historia y los indios un día perdieron. Los empleados de Vodafone, son el triste ejemplo de lo que nos debe preocupar hoy y ahora; más allá de un muro que se quiere levantar a pocos kilómetros de aquí para avergonzarnos como… como seres; simplemente somo seres que somos.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    1105 | Sergio - 13/01/2019 @ 23:58:03 (GMT+1)
    Las decisiones las toma el de arriba, el resto pinta poco. Si algo se hace mal y lo dices te llaman quejica. Tengo muchos conocidos trabajando allí y así ha sido. No estoy de acuerdo con esta noticia.

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