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La imposible sociedad STEM; la culpa es de Barbie

La imposible sociedad STEM; la culpa es de Barbie

viernes 26 de julio de 2019, 01:40h

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Mi padre fue un señor raro de esos que ya a mediados del siglo pasado daba conferencias por diferentes continentes y consideraba que sus seis hijos debían estar preparados para un mundo que iba a cambiar: debían estudiar, hablar idiomas, hacer deporte, tener habilidades sociales, disfrutar de un mundo multimedia y, como no, apostaba por cuanto cacharro revolucionario salía para escribir, grabar o cocinar sin caer en el esnobismo o la estupidez social. Vimos todos juntos, frente a una gran tele, la llegada del hombre a la luna y nos inundó con chapas y recuerdos para que captáramos la importancia del momento; para el primer gran acontecimiento histórico de mi existencia

Hoy mi padre tendría 102 años, pero el mismo dedicó muchos años de su vida a estudiar (cuatro títulos superiores), a investigar y a innovar dentro de su profesión (odontología) y lo que es más asombroso, mi madre trabajaba con él. No sé si hoy se le llamaría emprendedor o científico -yo apuesto por lo segundo-, pero lo que sí sé es que dentro de una educación clásica y de férreos principios, él, ellos nos permitieron elegir estudios y profesiones sin que ser mujer u hombre fuera un hecho determinante (medicina/odontología, informática, empresa, audiovisuales, historia, periodismo, matemáticas, bellas artes), lo importante, supongo, era que tuviéramos una vida encauzada.

Mi Barbie y las de mi hija

Como estudiar inglés era obligatorio en casa, mis hermanas mayores, nacidas al finalizar la Segunda Guerra Mundial, ya fueron a universidades americanas y de regreso, una de ellas me trajo lo que luego sería una revolución histórica: una muñeca negra (entonces se decía negra sin que nadie te acusara con 8 años de racismo o xenofobia), delgaducha y semiarticulada con tremendo par de razones en el pecho y cintura de avispa, a la que podía cambiar la ropa; igual que a mi adorada Nancy, pero lejos de ser una niña, era una mujer y sus vestidos eran de estrella de la cancíon (supongo que sería alguna de las Supremes, aunque he visto en la red que podía llamarse Christie). Desde luego, lo que no recuerdo es que fuera una Barbie; pero sí sé que, desde entonces, hasta hoy, ni las Mariquita Pérez de mis hermanas ni mi Nancy tuvieron nada más que hacer entre unas niñas que desde que tenían uso de razón jugaban a ser mujer.

Barbie es una muñeca odiosa desde cualquier punto de vista, pero pasados 20 años, mi hija también se moría por ella

Desde luego, Barbie es una muñeca odiosa desde cualquier punto de vista, pero pasados 20 años, mi hija también se moría por ella y aunque disfrutó de otros juguetes más primitivamente tecnológicos la tuvo en cuantas versiones dieron de sí los cumpleaños o la llegada de los Reyes Magos.

Es decir, cuando me llegó a mi el turno de educar, hice lo mismo que mi padre: libertad de elección, idiomas, deportes, habilidades sociales y, ya más concretamente, tecnología, principios de igualdad y de defensa frente a los ataques masculinos (y hablo de gracias básicas como que te suban la falda del uniforme); pero, también le ponía lazos, nos gustaba ir juntas de compras, buscábamos cualquier rincón para hablar e hice todo lo que estuvo en mi mano para que fuera una novia divina (lo normal). Mi hijo, cabecita privilegiada para las matemáticas, sin embargo, siempre agradecerá la invención del móvil, porque eso le evitaba, le evita, pisar una tienda. Necesito un vaquero, foto, me gusta o no y suficiente. Es genético, no cultural. O quizá, el nunca jugó con Barbies.

Se han reducido las cifras de mujeres en las aulas de las ingenierías y de informática y nadie sabe por qué

Los números demuestran que en España los esfuerzos realizados hasta ahora han sido inútiles. Se han reducido las cifras de mujeres en las aulas de las ingenierías y de informática y nadie sabe por qué. Muchas niñas preferirán ser influencers ¿por qué no? Se bombardea a las adolescentes con publicidad ‘sexy’ en los medios de comunicación y en las redes, se abusa del Photoshop sin que nadie lo pare, se apuesta por la banalidad y la vida fácil. ¿Por qué deberían hacer un esfuerzo? ¿STEM? Sí es muy importante, vital tal vez, impulsar las carreras STEM, pero hay que analizar qué falla en la base.

De Barbie a Instagram

No sería legal ni humano alienar a quienes sus capacidades o preferencias los empujan hacia estudios donde prima la imaginación, el amor por la historia, las letras, las artes o la música

Se quejaba con mucha razón una compañera de la Universidad Nebrija, coordinadora del grado de Diseño, de que se intentara coartar entre los estudiantes la creatividad y el amor por la cultura primando la tiranía de la ciencia y la tecnología y no le faltaba razón; cada uno debe alimentar su mente y su espíritu con aquello que le gusta, dando rienda suelta a lo que siempre se llamó vocación.

Por forzar el desarrollo de una sociedad que pretende ser planificada no podemos manipular a nuestros jóvenes. Nadie conoce el secreto, no hay normas ni costumbres, no hay un manual, no se inyecta la capacidad y el gusto por las carreras STEM; no sería legal ni humano alienar a quienes sus capacidades o preferencias los empujan hacia estudios donde prima la imaginación, el amor por la historia, las letras, las artes o la música. El empeño general de que los niñ@s deben estudiar ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas es espartano y totalitario, limita la libertad de elegir, de ser, de vivir y de sentir. O lo que es igual, de ser feliz.

Una profesión necesaria es una profesión mejor remunerada y, por tanto, un camino hacia el éxito económico. La gente se dará cuenta, se preparará y optará

Una profesión necesaria es una profesión mejor remunerada y, por tanto, un camino hacia el éxito económico. La gente se dará cuenta, se preparará y optará. Eso sí, igual es mejor que las niñas no jueguen con Barbies o que cambiemos los estereotipos publicitarios. Lo mínimo, no ser tan hipócritas y clamar en los púlpitos políticos por una transición tecnológica mientras que, si abres cualquier red social, es fácil constatar que jamás ha sido mayor la utilización de la mujer como objeto estético, juguete sexual, herramienta de marketing y de utilidad general.

Dejamos las Barbie de plásticos para buscar la digital, los likes o los corazones de Instagram. “I´m a Barbie girl in a Barbie world” ¿Lo recuerdan? ¿De qué nos extrañamos? ¿STEM?

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